Catalejo
Venezuela es el primer acto del cambio de época
En este torbellino tras el fin de Maduro, Guatemala debe explicar si firmó un largo acuerdo energético nuclear con Rusia.
Poca duda me cabe de haber una mayoría de latinoamericanos satisfechos con la captura del dictador venezolano Maduro por fuerzas de élite. Es positivo haber terminado con la figura central de la izquierda latinoamericana, pero este es solo el primero de los hechos en el largo camino a la recuperación social, económica y política venezolana. En este momento ocupa un lugar importante en la geopolítica mundial, pero la duda de cómo actuará se afianza a causa de su personalidad. El camino para lograrlo será largo y sinuoso, no una supercarretera sin curvas ni montañas. La decisión estadounidense de capturar al dictador Nicolás Maduro para juzgarlo por sus actividades en la narcopolítica es la primera acción del mundo con un cambio de época.
La explicación de ser motivada por el apoyo a la democracia de Venezuela no es sólida, porque la principal son los intereses geopolíticos de Estados Unidos. Por eso, China y Rusia ciertamente pactaron de alguna manera, y si bien rechazarán la acción, no harán nada para detenerlo, porque lo hecho, hecho está. La manera como fue realizada la acción militar solo comprobó lo sospechado por los analistas: las advertencias o amenazas, según quiera verse, iban en serio. Lo comprueba el tamaño de fuerza utilizada para actuar. Trump ha cumplido su sueño de convertirse en el hombre más poderoso del mundo, pero deberá mantener al anunciado procónsul nombrado para decidir cuándo el país estará listo, pero es significativa la falta de una sola mención a Carolina Machado ni al presidente.
A causa de la ilegalidad de la acción, según el derecho internacional, el mensaje es claro: Estados Unidos actuará según su propia decisión en América Latina. Ciertamente habrá protestas diplomáticas y políticas, pero no serán tomadas en cuenta, junto con los comunicados de la ONU, la OEA, y demás, convertidas nada más en recomendaciones sin fuerza coercitiva alguna. Los países del continente solo podrán escoger entre alinearse o arriesgarse a recibir una repetición del caos venezolano. Los países izquierdistas —la comunista Cuba, Nicaragua, Colombia y México, así como España— deberán adaptarse a esta nueva realidad, o prepararse para acciones similares adaptadas a situaciones geopolíticas decididas por los asesores personales de Trump, todos serviles.
El momento es serio, porque Arévalo no parece entender la realpolitik estadounidense bajo Trump.
La explicación de la lucha contra el narcotráfico tiene un factor esperanzador: declarar ilegal en Estados Unidos el consumo y venta de cualquier droga, no solo su transporte, para reducir a los usuarios, y no considerar la drogadicción un problema de salud, sino un delito. Por simple ley de mercado, ello disminuirá además la producción fuera de las fronteras estadounidenses, pero implica una acción legal contra muchos de los altos miembros de los partidos políticos, el Congreso, el Senado. Una actividad no puede ser ilegal si se realiza afuera, pero legal dentro del territorio. Por aparte, no debe caer en el mismo error de Putin con su “operación especial” en Ucrania, ahora una guerra de tres años. Venezuela tardará mucho en recuperarse de 28 años de pillaje económico y político.
Guatemala tiene ahora un problema aun no conocido por la población. El analista estadounidense de política internacional John Mearsheimer, de criterios pragmáticos, afirma: “esta semana se firmó un acuerdo de cooperación energética con Rusia entre el ministro de Energía, Antonio Malouf, por 15 años, valorado en 1,200 millones de dólares, para construir infraestructura energética que incluye energía nuclear. Washington, en silencio”, Es un tema necesitado de otros artículos, pero ahora los guatemaltecos tenemos derecho a saber oficialmente cuáles son los motivos. El momento es serio, porque Arévalo no parece entender la realpolitik estadounidense bajo Trump. Es una prueba de la interconexión entre decisiones tanto de potencias como de países pequeños.