La era del fauno

Viaje al fondo del grupo literario Nuevo Signo

Juan Carlos Lemus @juanlemus9

Publicado el

Esta semana será presentado el libro de ensayos Nuevo Signo. Siete poetas para nombrar un país. Es un esfuerzo coordinado por la escritora Vania Vargas y el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias 1998, Francisco Morales Santos.

En 190 páginas, el tomo describe el contexto y las características del grupo literario Nuevo Signo que integraron, a partir de 1968, Roberto Obregón (1940-1970), de Suchitepéquez; José Luis Villatoro (1932-1998), de San Marcos; Luis Alfredo Arango (1936-2001), de Totonicapán; Antonio Brañas (1920-1998), de Antigua Guatemala; Julio Fausto Aguilera (1928-2018), de Jalapa; Delia Quiñónez (1946), de la capital, y Francisco Morales Santos (1940), de Sacatepéquez.

Está dividido en cuatro partes: Viaje al fondo del signo; Siete poetas parta nombrar un país; Bibliografía de Nuevo Signo y Los nombres que nos nombran.
Como explica Vania Vargas en su breve introducción, el libro conmemora el 50 aniversario de la formación del grupo, con el objetivo de rendir homenaje, “pero también de reivindicar un espacio en la literatura nacional, y dejar testimonio de su camino andado, sus anhelos y sus luchas, esos que aún hoy siguen vigentes”.
Viaje al fondo del signo es la descripción contextual del grupo y un asomo a su esencia en los ensayos: Las plumas de la serpiente en nuestro ahora (Francisco Nájera); El aporte de Nuevo Signo en la reconstrucción de la memoria histórica de Guatemala (Miguel Ángel Guzmán); Tiempos de manifiestos: ética, poesía, arte e imágenes entre los años 60 y 70 en Guatemala (Rosina Cazali); La literatura infantil y juvenil de Guatemala también se escribe con una pluma de serpiente (Frieda Morales Barco); Nuevo Signo: retrato del artista en manada (Martín Díaz Valdés) y El oficio de pensar en Nuevo Signo (Carmen Lucía Alvarado).

En el apartado Siete poetas para nombrar un país, doce escritoras y escritores analizan, se aproximan o describen la vida y obra de cada uno de los integrantes de Nuevo Signo.

El tomo es evidencia de una tradición poética y el reconocimiento al denuedo de un grupo heterogéneo en edad, forma de pensamiento y procedencia, que logró cohesionarse pese a las circunstancias criminógenas de los años sesenta, y que tuvo —y mantiene— auténtica devoción por la palabra. De sus fundadores, la única mujer, Delia Quiñónez, Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias 2016, y Francisco Morales Santos continúan escribiendo, incansables, a través de las décadas; Quiñónez como académica de número de la Academia Guatemalteca de la Lengua, y Morales Santos como editor e impulsor de generaciones de escritores que han descollado en el país. Aun cuando cinco de ellos ya no están físicamente, copio estas palabras de Quiñónez, escritas en el epígrafe: “Fuimos y seguimos siendo siete”. Palabras que tan bien resumen todo un periodo cohesionado, la camaradería, una hermandad literaria que, como pocas, sobrevive a medio siglo.

Puede que, en la actualidad, en un país que ha sido abandonado a su suerte, en el que la actividad literaria no es proporcional al crecimiento poblacional, un país en el que la integración de grupos literarios parece cosa de antaño porque ganaron terreno los colectivos, los grupos de artes integradas, las asociaciones virtuales casi siempre efímeras; en un país, en fin, donde no hay cohesión literaria ni manifiestos atinentes, aquí está este libro para evocar nombres, mantener la obra y transmitirla por generaciones. Gran trabajo el de Vargas y Morales.

La presentación será el miércoles 27 de febrero a las 18 horas en la Biblioteca Nacional.