Registro akásico

Viviremos la falta de lluvia con desórdenes

Antonio Mosquera Aguilar http://registroakasico.wordpress.com

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La próxima novena legislatura fue diseñada. A más de algún secretario general se le dobló el brazo para permitir candidaturas ganadoras escogidas; también se vetó a ciertos diputados en su continuidad. Si se considerara a la ideología, se podría distinguir siete bloques: conservadores 17, religiosos 24, localistas 7, derecha 21, socialdemócratas 66, socialistas 8 y colados por el narco, 12. Por aparte, el partido de gobierno, 17, con función de correa de transmisión.

Hay varios escenarios posibles. El primero, donde los diputados oficialistas otorgan apoyo a iniciativas aceptables para el Ejecutivo. Supone contar con capacidad de propuesta en todos los partidos. El segundo radica en el deseo gubernamental de controlar al Legislativo. Habría un amalgamiento inestable sostenido por coimas. El tercero, un enfrentamiento tóxico entre los dos poderes, explicable por la baja capacidad de proyecto nacional y la alta ambición de los diputados. Finalmente, el cuarto se centra en el bloque socialdemócrata. Goza de iniciativa en la labor legislativa: temas, presupuesto y debate político.

No se debe desear el tercer escenario, pero tiene muchas posibilidades de concretarse. El cuarto escenario carece de antecedentes que permitan confiar en el mismo. Durante varias legislaturas, el bloque socialdemócrata ha sido bueno para oponerse, pero malo para iniciativas. Estar en contra es fácil; la propuesta es difícil. Si se asume que los demás diputados tienen comportamientos similares, seguramente no podrá funcionar el primer escenario. De inicio, lo previsible es la busca de control por parte del Ejecutivo que terminará en un fracaso. Así, pues, cobra actualidad, la advertencia: ¡César, teme a los idus de marzo!

El proceso político no se agota en la representación nacional. La vida partidaria ocupa un lugar. Sin reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos donde se obligue a la democracia interna, no se avanzará. El estudio clásico de Robert Michels *1876 +1936, enunció la ley de hierro de la oligarquía, que refiere el dominio de minorías en los partidos.

Los partidos necesitan de elecciones primarias para integrar candidatos a cargos públicos. Ahora son presas de ricachones corruptos y caudillos entronizados por fuerzas oscuras. Es general, la falta de consulta, ninguna expresión ideológica y nulo programa de propuestas. En los partidos de izquierda y los de expresión de iglesias se agrava, por ministros de culto cuando son protestantes o religiosos con sus pobres seguidores, que agreden a los “peligrosos”. Para no hablar de grupos clientelares comprados por el narcotráfico. En consecuencia, un escenario de crisis aparece en el horizonte.

No es posible en la mayoría de partidos que los chascos de la dirigencia se olviden y no se pida el recambio. El caso más ilustrativo son los socialdemócratas. Avisados de que su candidata iba al fracaso, hicieron caso omiso. La ciudadanía observó su huida del país cuando comenzó la persecución a los secretarios generales. Inexplicablemente retorna para ser nominada a la presidencia. Pierde y es convencida de permanecer en territorio nacional. Después de su aprehensión, es lastimero su encarcelamiento. Fuera de los infundios como guerrillera y usurpadora, carece de méritos para encumbrarse en el partido de la segunda internacional. Su discurso es pobre, se basa en el asistencialismo. Mientras tanto, la formación política es ajena a un deslinde. En lugar de presentar al nuevo liderazgo, anuncia el fraccionamiento. Y así es, en todos. La democracia está lejana.