Punto de encuentro

Contigo, Margarita

Marielos Monzón @MarielosMonzon

El sábado 31 de marzo murió Margarita Carrera. Una amiga entrañable y una mujer extraordinaria. Maestra de maestras. Escritora, poeta, columnista, profesora universitaria, feminista, pionera de las letras en Guatemala. Margarita es, para decirlo en una palabra, una de las imprescindibles.

En este país donde abunda la indiferencia, donde el talento se utiliza casi exclusivamente para beneficio personal, donde es mejor no jugarse ni comprometerse para evitar meterse en problemas, donde ser mujer, progresista y de izquierdas es casi una herejía y donde el conservadurismo y la doble moral se imponen cotidianamente, se agradece la vida de Margarita Carrera.

Ella, como otras mujeres periodistas y escritoras, abrieron brecha a pesar de los pesares. Elevaron su voz con valentía y se convirtieron en nuestro referente permanente. En Margarita cobran sentido palabras como coherencia, compromiso, rebeldía, justicia, derechos, perseverancia, inteligencia, sencillez y alegría.

Margarita tenía una enorme lucidez y un conocimiento enciclopédico, construido con enorme pasión y dedicación. Su capacidad intelectual le permitió ser reconocida a nivel nacional e internacional como una de las académicas y escritoras guatemaltecas más renombradas. Fue la primera mujer graduada en Letras de la Universidad de San Carlos y recibió en 1996 el Premio Nacional de Literatura. Hubiera sido muy sencillo quedarse en el ámbito de la academia y la cultura, y vivir por encima de la realidad de las grandes mayorías excluidas de este país. Sin embargo, Margarita siempre estuvo a la par de la gente y le dio voz a quienes históricamente se les ha negado el derecho a expresarse.

Con la misma inteligencia y capacidad, analizó la compleja obra literaria de Jorge Luis Borges, tomó parte de debates filosóficos de altísimo nivel y defendió a las víctimas del racismo, la desigualdad y la exclusión. Esa era Margarita Carrera.

La verdad, la justicia, la lucha contra el terror y el olvido, fueron parte de su prioridad. Sus columnas en Prensa Libre son fiel reflejo de su compromiso por la transformación de nuestro país. Ahí está su libro En la mirilla del Jaguar sobre la vida del obispo mártir, Juan José Gerardi, y el reconocimiento que recibió de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado en 2004.

A Margarita nunca la conocí triste ni obcecada. Recuerdo en especial un día en que teníamos que hacerle una entrevista para mi programa radial y la ubicamos en la piscina del Club Italiano, después de una intensa jornada de ejercicio, que no impidió que nos compartiera sus reflexiones y perspectivas sobre la realidad nacional. Así era la incansable Margarita Carrera, quien además nos honró como columnista para el programa Buenos Días de Radio Universidad y me acompañó siempre con su solidaridad y apoyo en momentos difíciles.

Dos muertes ocurridas este fin de semana expresaron —como pocas veces y tan claramente— el contraste entre una vida cargada de humanidad y esperanza y otra llena de violencia, odio y destrucción. Sin ninguna duda, se impone enaltecer a quien luchó por transformar esta tierra.

La noticia de la partida de Margarita nos enfrenta con la tristeza y el vacío. Duele perder a quien se quiere, lastima decir adiós. Pero también permite agradecer a la vida su existencia. Margarita, mujer ejemplar y guatemalteca eterna, que como dice la canción nos enseñó que “no es lo mismo vivir que honrar la vida”. Hasta siempre, maestra querida.

@MarielosMonzon