Opinión

Con otra mirada

De los valores ciudadanos y el miedo

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

En el ya lejano lunes 29 de mayo del 2006, desde el Palacio Nacional, el Ministerio de Educación lanzó la estrategia en Valores y Formación Ciudadana 2004-2008. La presentación fue interesante y me congratulé por el rescate de esos valores fundamentales para la convivencia que llegan a formar buenos ciudadanos; valores que en el pénsum de estudios una vez se denominaron de moral y urbanidad.

Ese mismo día, los guatemaltecos amanecimos con la noticia de la muerte del general Romeo Lucas García, expresidente de Guatemala, ocurrida el sábado anterior en Venezuela, ausente del mundo por enfermedad mental. El sentido común me sugirió que las banderas en plazas y edificios públicos estarían a media asta, en señal de duelo nacional. Pensé que la visita me daría oportunidad para salir de duda con respecto a la bandera en la Plaza Mayor. Pero no, estaba izada. Al salir del acto, pasé por la antigua Escuela Politécnica, cuna de los militares de escuela como lo fue Lucas García, y también ahí, la bandera ondeaba a plenitud.

Para mí, como para miles de guatemaltecos, el general Lucas representa una página negra de nuestra historia reciente y no creo que mereciera reconocimiento alguno. Sin embargo, gobernó Guatemala entre 1978 y 1982, por lo que me pareció que el expresidente merecía el ritual del duelo. Sus compañeros militares debieron hacerlo, sobre todo en ese edificio emblemático, ahora sede del Ministerio de la Defensa.

El hecho me provocó algunas dudas: ¿Estoy equivocado en cuanto a los valores? ¿Es correcto que las pasiones personales prevalezcan sobre los valores cívicos? o más elemental aún, ¿hay alguna norma dentro del protocolo que indique lo contrario, y según haya sido el desempeño en el cargo, se rindan o no honores póstumos? ¡Difícil tarea la del Ministerio de Educación en forjar a las nuevas generaciones!

Como resultado del fraude electoral avalado por el susodicho, en 1982 jóvenes oficiales del Ejército provocaron un golpe de Estado que llevó a la jefatura de gobierno al general Efraín Ríos Montt, fallecido el pasado Domingo de Resurrección. Contrario al derrocado y enajenado Lucas García, Ríos Montt fue objeto de homenaje de parte del Ejecutivo, Legislativo y Ejército de manera pronta y apresurada. Alguien en las redes sociales calificó esos hechos más o menos así: “Lo velaron en su casa porque tenían miedo. Lo sepultaron temprano, porque tenían miedo. Está bien que tengan miedo”.

El miedo es una emoción básica y primaria que sirve a los animales para sobrevivir. En el hombre, se caracteriza por una intensa sensación desagradable provocada por la percepción de un peligro, real o imaginario; pasado, presente o futuro. Es una emoción que los gobiernos a lo largo de la noche oscura de los 36 años de guerra interna (1960-96) supieron inculcarnos, pero que a partir de abril del 2015 supimos sacudirnos.

Aquel sábado 25Ab2015, en la Plaza Mayor de la ciudad de Guatemala, tuvo lugar la más grande manifestación cívica que recuerdo, convocada para manifestar rechazo ciudadano ante el ínfimo desempeño administrativo de un gobierno usurpado por la corrupción y podredumbre, el del general Otto Pérez Molina; otro militar en ejercicio de la Presidencia de la República. Entre los carteles más significativos de aquella gesta cívica estuvo: “Nos quitaron tanto, que acabaron quitándonos el miedo”.

La diferencia de comportamiento ante la muerte de Lucas García y Ríos Montt retrata al miedo que tienen aquellos que una vez tuvieron el poder, y que hoy, sabiéndose vulnerables, al actuar con alarde de fuerza exponen su debilidad.