Sin fronteras

De qué se trata esta elección

Pedro Pablo Solares@pepsol

En reciente debate casero, dos amigos discutían desde esquinas contrarias de nuestro cuadrilátero político preelectoral. En la primera esquina —para evitar etiquetas de colores— quien defendía las mismas posiciones que el reconocido Pacto de Corruptos, empezó a verse arrinconado. Los ganchos de quien tenía puesta la camisa de Cicig, parecían estarle haciendo mella. Por momentos, el hombre este, empresario hasta la médula, empezaba a ceder. Pero cometió un error aquel, queriéndole convencer con el último de sus dardos. La estocada —según él— letal. Y es que —frecuente visitador de las zonas más abandonadas del país— decidió tirarle cifras de los índices relacionados con el bienestar humano, esto para tocarle la consciencia. Y sin saber predecir a su interlocutor, su respuesta le sorprendió: La respuesta fue nada. Le dijo: “en Alta Verapaz, el promedio de años escolares es cuatro”: nada. “Estamos en el último cuarto a nivel mundial en percepción de la corrupción: nada”. “El décimo tercer país más desigual en el coeficiente de Gini: nada”. El bloqueo era tal, que la situación de nuestra nación con relación a otras no parecía ser importante. Fue ahí donde dio giro final la discusión, cada quien regresando a su propia esquina, sin llegar a acercamiento alguno. Una plática que hoy se mira infértil. Mejor haber hablando sobre futbol, cine, el clima, o rock and roll.

Inclemente el tiempo, anteayer llegó una nueva convocatoria a las urnas y a la próxima elección. Aunque las casillas de candidatos otra vez serán muchas, los guatemaltecos anticipamos realmente estar frente a una sola disyuntiva principal: ¿Necesitamos ayuda del mundo para combatir nuestros males evidentes, o no? Sin lugar a mucha duda, las fuerzas políticas del país se han posicionado respecto a esa pregunta, y todo lo demás, será más secundario. Las fuerzas que han mantenido el poder político y económico en el país buscan retener nuevamente ese poder, y su mensaje electoral se llamará Soberanía. El personaje principal de ese mensaje es Álvaro Arzú Escobar. Él, en su curul presidencial, incluso propuso replantear nuestra relación con Naciones Unidas, ante el aplauso encendido de diputados entusiasmados. Algunos de ellos con investigaciones delictivas trabadas en la burocracia judicial; algunos otros, vestidos con disfraces. Alguno con una boina militar; otro con una kipá judía, ondeando la bandera de otro Estado. Se oponen a Naciones Unidas, pero no debaten, sin embargo, sobre los temas planteados por la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala. En especial, hoy en día, el financiamiento electoral ilícito, definido por el comisionado Velásquez como el “pecado original de la democracia guatemalteca”, pues distorsiona los procesos electorales, dejando en silencio la voluntad popular.

En aquella acalorada discusión de los amigos, surgió una pregunta que se ha colocado en la mente de los estratos más altos de nuestra sociedad, y que no están afectados directamente por los males de la pobreza que nos invade. Y es que alguien preguntó: ¿Por qué no investigó Cicig a las “maras”, al narcotráfico, y los extorsionistas? La mejor respuesta que surgió fue que el Estado tiene muchas deficiencias. Pero estas pertenecen a esa “voluntad popular” a la que hizo referencia el comisionado, que no podrá ser atendida sin liberar el proceso democrático de quienes la han secuestrado para sus intereses particulares. A favor de las fuerzas que buscan preservar el estado de las cosas, se posicionan desde ya una serie de candidatos. A muchos guatemaltecos, sin embargo, nos queda esperar las próximas semanas, para ver si se logra lanzar una sola propuesta fuerte que responda al enorme clamor que existe, para continuar este primer gran paso: la limpieza dolorosa de los males que nos estancan.