ECLIPSERehacer la historia

Ileana Alamilla

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La Historia, como se sabe, nunca la escriben los perdedores. Siempre son ?los otros?, los triunfadores, usualmente minorías que se imponen por diversos mecanismos de dominación, quienes han relatado e interpretado la trayectoria de la Humanidad.

Contemporáneamente, este esfuerzo dominante es, incluso, previo a que suceda la Historia.

Ahora ésta se construye utilizando como un instrumento privilegiado a los grandes medios, principalmente visuales, para elaborar las imágenes que permitan dicha construcción. Se inventan escenarios para justificar guerras, se transmite en tiempo real la versión apropiada de los acontecimientos. Todo encaja para armar el rompecabezas que se consumirá masivamente.

Sin embargo, siempre hay esfuerzos alternativos que pretenden reconstruir el relato y la interpretación de lo que realmente sucedió, que se van abriendo paso conforme la distancia temporal lo permite.

También se han abierto paso concepciones alternativas que desnudan la naturaleza ideológica de las dominaciones que inspiran las ?Historias Oficiales?. Se reconoce ahora el valor de la multiculturalidad, sin pretensiones de dominación de una cultura sobre la otra, sino que promoviendo la enriquecedora interculturalidad.

Ya no se puede, por lo tanto, justificar la conquista argumentando la inferioridad de la cultura sometida. De igual manera, ya no hay apología que valga para que se acepte la desigualdad de género como algo ?natural?.

La irrupción de la ?alternatividad? ha sido posible por las luchas de los excluidos para evidenciar las falsedades en los relatos históricos, las falacias prevalecientes en su interpretación y la intencionalidad subyacente en la transmisión de esta versión interesada.

Los pueblos indígenas reivindican su identidad y derechos, las mujeres la equidad de género y, los excluidos en general, el derecho a su inclusión. Y todo pasa por la democracia, concebida como el ejercicio pleno de la ciudadanía.

En el marco de esa ansiada plenitud, la equidad de género resulta fundamental, así como la eliminación de la expresión concreta de la dominación cultural: la discriminación étnica. Ambas perversidades están presentes en nuestra realidad nacional.

Me parece que una primera evaluación de la nueva administración será contrastar la composición del equipo gubernamental con estos parámetros de discriminación étnica y equidad de género. ¿Cuántos indígenas y mujeres estarán presentes?

Hay que empezar a rehacer la Historia en nuestro país, y eso pasa por los sujetos que protagonicen los procesos sociopolíticos. Sabemos que el criterio cuantitativo es insuficiente, pero por algo se comienza.

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