SI ME PERMITE
El deber que muestra civismo
“Cuando hayamos cumplido nuestro deber interior, el exterior se cumplirá por sí mismo”, Johann Wolfgang Goethe.
Hoy culmina el proceso electoral y cada uno de nosotros deberíamos cumplir con nuestro deber, no simplemente por el interés que tenemos por determinado candidato, que sin lugar a duda es un derecho, pero debemos ir a votar para que podamos reflejar que nuestro civismo no se limita a la jura de la bandera y el respeto a los símbolos patrios, lo cual se debe hacer con el mayor respeto cada vez que se presenta la oportunidad. Una vez que hemos concluido con la tarea nos podemos decir deber cumplido.
Lamentablemente nuestro medio se rige por presiones externas para el cumplimiento del deber, cuando debiera ser exactamente lo opuesto. Nuestra formación, nuestra tabla de valores, nos indican lo que debemos hacer por encima de lo que los de afuera sugieren. Lo de afuera es una simple coacción, pero lo que nace de adentro de uno es simplemente una gratificación por ser lo que uno es.
Si llegamos al final del día, sea cual sea el resultado, sea por quien vote o no, lo importante es iniciar una nueva etapa y cada día pedir la asistencia del buen Dios para que nos socorra, primero para que uno como individuo pueda hacer lo que le corresponde hacer y luego los que están en eminencia sean supervisados por Él para que cumplan el deber al cual fueron asignados. En cualquier nivel la autosuficiencia es de alto riesgo, pero los que humildemente hacen sus trabajos todos estarán dispuestos a apoyarlos.
Cuando recordamos que la vida es como una cadena de evento y vivencias a la que cada eslabón está unido al anterior, tenemos la responsabilidad de no ignorar la realidad que traemos, no para repetir o seguir igual sino para mejorar, corregir o bien enmendar. Seamos resueltos a hacer lo que nos corresponde, no esperando que otros lo hagan, sino ser determinados a no ser de la masa y de hacer lo que el resto hace, sino recordar que hacemos lo que hacemos por las normas que nos rigen y esperamos los resultados que naturalmente las normas produce.
Si soñamos con una Guatemala diferente y que estemos orgullosos de ella para el bien nuestro y también el de nuestros hijos, únicamente se logrará con una mentalidad propositiva y determinados a hacer nuestra parte cada día que vivimos y también exigir que los demás hagan la suya sin externar excusas para justificar el incumplimiento. La verdad, un cambio en el país es como plantar un árbol y dejarlo crecer o bien cuidar un árbol, atendiéndolo y esperar que dé su fruto esperado. Posiblemente como niños debemos tomar seriamente con la mentalidad “es mi árbol” y cuidarlo.
Si hemos aprendido a la luz de la historia que tenemos la triste lección de la que los extranjeros que nos quieren ayudar no siempre resulta como lo describen y mucho menos de lo que prometen, nosotros que conocemos lo que somos y de qué males padecemos podemos corregirnos, cuidarnos y construir con una clara mentalidad de cambio.
Hoy es un día especial para cada guatemalteco, cumplamos con el deber cívico de ir y emitir el voto, entendiendo que no se puede delegar a nadie este deber y de ese modo enlacemos el mañana a este día único para edificar un país que sea digno de vivir con todo decoro y sosegadamente, también con una presentación que cuente con una razón de ser orgullosos de él con propios y también con extraños.
samuel.berberian@gmail.com