Desde Ginebra

El futuro de la ocupación laboral

Eduardo Sperisen-Yurt esperisen@gmail.com

La ocupación es un término que proviene del latín occupatio y está vinculada con el verbo ocupar, en otras palabras, ocuparse de algo. En general el término también se utiliza como sinónimo de trabajo, como en este caso me refiero a la ocupación laboral.

Lamentablemente los pronósticos de los expertos para el futuro del empleo no son muy halagüeños para muchos de los países en desarrollo, estudios sobre la materia indican que los trabajadores ocupan la mitad del tiempo en tareas que podrían automatizarse y que corren el riesgo de ser reemplazadas por tecnologías, que incluso, en algunos casos, ya están desempeñando esas labores.

Al analizar esta situación, que afecta con diferente intensidad a todos los países, hay que diferenciar entre el futuro del trabajo y el futuro del empleo. El futuro del trabajo tiene que ver con la naturaleza y el tipo de trabajos requeridos, especialmente con la aparición del concepto de la cuarta revolución industrial, con la era de la inteligencia artificial, qué tipo de trabajos se van a descartar y cuales se van a necesitar. En consecuencia, qué tipo de conocimientos, habilidades y competencias deben tener las personas para entrar en el nuevo mercado laboral.

En el caso del empleo, éste se debe ver desde la perspectiva social, considerando al empleo como un bien social y no solo como un factor para la producción de bienes y servicios, por lo que se debe preservar y generar empleo para el bienestar y desarrollo de las personas y la sociedad.

La pregunta es, que tipo de políticas públicas sobre trabajo y empleo se requerirán para facilitar la transformación productiva, teniendo en cuenta el impacto económico real del entorno digital en términos de destrucción y creación de puestos de trabajo para tener la fuerza de trabajo con los niveles de productividad y competitividad necesarios con la capacidad de interactuar con robots y todo tipo de sistemas automáticos y de inteligencia artificial.

Ante la amenaza de la destrucción de empleo en ciertos sectores, especialmente para las personas con actividades de bajos ingresos, hay que promover políticas justas y equilibradas para la preservación, reubicación y capacitación de la mayor cantidad posible de empleos, con medidas orientadas a evitar el reemplazo de personas por máquinas, reemplazos que muchas veces se deciden no por razones de productividad, sino por otras consideraciones, por ejemplo, como de género, edad o simplemente por facilidad de gestión.

Lo anterior, significa que las políticas sobre el empleo y trabajo deben actualizarse y adaptarse a las realidades actuales, que tenga en cuenta la estrecha relación entre el empleo, el bienestar individual y social, y la brecha entre desocupados y ocupados, por lo que es preciso contar con los instrumentos para garantizar, especialmente a los de primer empleo, como a todas las personas la posibilidad de cubrir sus necesidades básicas, para ello, es indispensable una sólida alianza entre los sindicatos, los empleadores y el Estado.

El paradigma del pleno empleo en términos conservadores se va quedando en el pasado. La ecuación entre el aumento de la población y la destrucción de empleos debido a la tendencia hacia la automatización no permite una sociedad de pleno empleo en términos tradicionales. Para la mayoría de las personas, el factor clave para escapar de la pobreza es tener trabajos con ingresos dignos y estables. Lo cierto es que existe una creciente y genuina preocupación y expectativa por el futuro de la ocupación laboral en nuestras sociedades.