escenario de vida

El mundo da vueltas

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No hay nada mejor que haber visto un refrescante apretón de manos entre el presidente de la República de China (Taiwán), Ma Ying-jeou, y su homólogo de China continental, Xi Jinping, en el hotel Shangri-La, de Singapur. La reunión Ma-Xi fue histórica, pues es la primera cumbre realizada entre los líderes de la República de China (Taiwán) y la República Popular de China, después de que los comunistas chinos derrotaron a los nacionalistas en la guerra civil de China en 1949. Esto nos deja pensando que en el mundo las cosas pueden cambiar para bien. Aunque ninguno de los dos se dirigió al otro como “presidente”, sino únicamente como “señor”, es un paso gigantesco a raíz de este encuentro, a tal grado que dejaron establecido un teléfono rojo (caliente) para tener comunicación directa entre ellos dos.

Lo que me llamó la atención fue ver a dos naciones civilizadas entenderse bien después de muchos años de separación. En su discurso de apertura, Ma mencionó una “prosperidad sin precedentes” y quizás sea por los 23 acuerdos firmados entre ellos en los últimos siete años, con 40 mil intercambios estudiantiles a través del Estrecho, 8 millones de visitas turísticas y más de US$170.000 millones invertidos en el comercio. Aunque no haya “casamiento”, la paz entre ellos es más que evidente. El presidente Ma, de Taiwán, se refirió al “Consenso de 1992” para que continúe el mantenimiento de la paz, que es el tácito convenio alcanzado entre Taipéi y Beijing en el año 1992, y parecen ambos estar seguros de lograrlo.

¿Qué quiere decir esto? Que ambos reconocen que existe solo “una China”, pero que cada lado puede interpretar libremente lo que signifique “una China”. Para ellos es más que claro que mejorando sus relaciones comerciales mejoran sus relaciones interpersonales y sus economías prosperan. Ambos reconocen que la educación y el comercio van de la mano y son vitales para su prosperidad y que al lograr la paz caminarán mejor. El reto para ambas Chinas será ahora disminuir las vicisitudes de la historia que habían dejado traumáticamente separadas a muchas familias de los dos lados del Estrecho de Taiwán. Es un hecho que las relaciones entre las dos partes seguirán avanzado positivamente ahora que reconocen que ha habido dos Chinas, pero que en realidad es una sola y que son capaces de congeniar entre sí.

Guatemala debiera tomar ejemplo de Taiwán, al haber logrado pasar de ser un país tercermundista a una súper potencia en tan solo décadas apostándole al 100% a la educación. En Guatemala hay dos países en uno. Uno extremadamente pobre y sin educación, ni medicinas con una población rural descuidada, y otra en la Ciudad de Guatemala con tecnología de punta, pujantes y soberbios edificios y mucho dinero circulando. El reto ahora es disminuir estas diferencias y que haya una clase social media más grande, reducir la brecha entre pobres y ricos, y mejorar la educación, tal y como lo logró Taiwán en los pocos años de su fundación. El mundo da vueltas y nosotros también podemos lograrlo en décadas con educación, si realmente nos lo proponemos.

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