ALEPH

El ocaso zombi

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En diciembre del año 2011, recién electo Otto Pérez Molina, escribí una columna que llamé “El despertar zombi”. En la Guatemala insegura, violenta, corrupta e impune de entonces (y de ahora), se había elegido a un presidente que –simbólica y literalmente- representaba una vuelta al pasado. Cuatro años después, con ese mismo expresidente tras las rejas y un sistema de líneas de corrupción develado, la Guatemala conservadora que votó en 2011, volvió a elegir más de lo mismo. Sin novedad, capitán.

Recién electo Jimmy Morales, circuló un meme donde un cansado Pérez Molina se ponía la mano en la frente mientras decía algo así como: “Tanto que jodieron muchá para terminar en esto”. Y es que una cara nueva no significa nueva política. Basta ver el legado del partido patriota en el de Morales: desde los financistas y socios, hasta el plan de gobierno, pasando por los diputados y la visión militar-nacionalista de Estado. No es que con Torres hubiéramos estado mucho mejor, es que este país ya se merece gobiernos y políticos distintos y no segundas malas partes.

Llegamos a donde llegamos con los candidatos que tuvimos y no tuvimos, por múltiples factores, que van desde el consabido conservadurismo y la anestesia histórica de tantos, hasta el miedo, la inseguridad en nosotros mismos, la influencia mediática, las relaciones de poder, el hartazgo, la estupidez, y la economía de sobrevivencia que nos deja sin tiempo para una ciudadanía consciente y participativa, además de los procesos de cambio social, que no se producen en un día. “No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles”, dijo Séneca, “pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas”.

Durante este proceso de movilizaciones ciudadanas, también ganamos confusión, entropía, incertidumbre y desorden, antecedentes indispensables para el establecimiento de todo nuevo orden. Toca, entonces, hacerse nuevas preguntas y romper viejos moldes de cara a nuestra intención democrática, aprovechando que, además de calle y tambores, ganamos confianza y autoestima ciudadana, juventud, relación, y visión de país. No alcanza para cubrir los enormes vacíos de forma inmediata, pero estamos ya en la línea de salida. Y aunque muchos no votamos en estas elecciones, creemos en lo que podemos aportar para otra Guatemala.

No alcanza el discurso light que amanece cada día con cancioncita de-todo-está-bien, pero tampoco alcanzan el discurso de la desesperanza o el discurso reaccionario de quien tiene poder y por ello se siente ganador (¿de qué?). No creo en los adoradores de banderas sin país, de patrias sin ciudadanía, o de dioses sin Dios. Se antoja un “nosotros” que se construya a partir de lo humano, de la dignidad. Se antoja ser impaciente con quienes sostienen el discurso del terror y la Guerra Fría; se antoja levantar juntos un Estado de Derecho sin guetos ni muros. Quién sabe y de nuestro despertar ciudadano dependa que los cadáveres no vuelvan a la vida; que de nuestra fuerza, nuestra convicción y nuestra luz dependa su ocaso.

cescobarsarti@gmail.com

ESCRITO POR:

Carolina Escobar Sarti

Doctora en Sociología y Ciencias Políticas de la Universidad de Salamanca. Escritora, profesora universitaria, defensora de DDHH por la niñez, adolescencia y juventud, especialmente por las niñas