Con nombre propio

El Salvador y sus retos

Alejandro Balsells Conde @Alex_balsells

De los países centroamericanos con El Salvador es que Guatemala tiene más relación y más afinidad. Sin duda alguna, ambos han compartido de todo, por lo que existe una solidaridad entre sus pueblos innegable. Sus guerras, represiones, abusos de poder y hasta los procesos de paz tienen mucho en común; sin embargo, sus procesos políticos, al culminar esos procesos de paz, fueron diametralmente distintos.

Arena, un partido ultraderechista, y FMLN, que mantuvo un discurso marxista por mucho tiempo y lo “congeló” durante el gobierno de Mauricio Funes, lo retomó cuando el actual presidente, Salvador Sánchez Cerén, fue candidato. Arena, comprometido hasta el tuétano con la represión, y FMLN, una organización guerrillera responsable a la vez de muchos horrores de la guerra y que pasó a la formalidad legal, representaron los extremos en el escenario político salvadoreño y jamás comprendieron el final de los tiempos. Nuestros vecinos tienen hoy una propuesta distinta que puede ser el fin del bipartidismo en la Presidencia.

El próximo fin de semana se celebran las elecciones y se elegirá presidente, una prueba de fuego se ciñe sobre la clase política que encuentra al principal candidato Nayib Bukele como la amenaza que irrumpe en el ambiente y además que evidenció el común denominador de Arena y FMLN: la corrupción no es ideológica, quien es ladrón es ladrón, a veces viste de derechas y en otras ocasiones de izquierdas, pero igual es ladrón.

Mauricio Funes fue el primer presidente del FMLN (2009-2014). Si bien se le consideró un moderado y triunfó por representar vientos de cambio en la organización exguerrillera, hoy está refugiado en Nicaragua por denuncias de corrupción y tiene la protección del impresentable Ortega —por supuesto, alega persecución política—. Elías Antonio Saca, o Tony Saca, fue presidente del 2004 a 2009 y está condenado a 10 años de prisión por peculado y lavado de dinero, además, en el proceso se mostró confeso para conseguir una condena más benigna. Saca recibió el poder de Francisco Flores, quien murió justo cuando se desataba un proceso penal en su contra por corrupción.
La corrupción salvadoreña no es que sea más escandalosa que la guatemalteca, pero sí es más gráfica para evidenciar los discursitos de que la “corrupción tiene color”. Cuasi fascistas envalentonados en Arena y Marxistas entacuchados en FMLN demostraron que su régimen político estaba inundado de corrupción y robaron hasta lo inimaginable.

Nayib Bukele intentó fundar su partido y la estructura electoral salvadoreña, donde los partidos tienen gran influencia, lo impidió. Hoy compite con el ropaje de Gana, partido fundado por “areneros” señalados de corrupción; sin embargo su propuesta es independiente y según las encuestas así se percibe.

Hartos de corrupción, los salvadoreños acudirán a las urnas. Sánchez Cerén ganó la última elección con la diferencia más estrecha de la historia salvadoreña y, sin temor a equivocarnos, centroamericana. El Salvador muestra, una vez más, que por medio del proceso democrático su pueblo se pronuncia y decide.

El fracaso del gobierno de Sánchez Cerén está a la vista, a pesar de haber tenido toda su vida discursos de izquierda, entrega un país con mayor deserción escolar, con una tasa de homicidios al alza y, tal como ayer lo comentaba el amigo y colega Jonathan Menkos acá mismo en Prensa Libre, deja un presupuesto social más bajo del que recibió.

Los salvadoreños buscan su propia solución y Bukele enarbola un discurso anticorrupción que, de acuerdo a los vaticinios, le hará ganar el poder y, si es así, se espera una férrea fiscalización ciudadana porque repetir los errores no tiene objeto.