SI ME PERMITE

El valor de disciplina asimilada y no impuesta

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“Disciplina es pagar el precio para traer esa visión a la realidad. Es abordar los hechos duros, pragmáticos y brutales de la realidad y hacer lo que haga falta para que ocurran las cosas. La disciplina surge cuando la visión se une al compromiso”. Alberto Einstein

Cuando pensamos en logros y alcances, no podemos pensar en asuntos de simple coincidencia, sino todo lo contrario, estamos aceptando que hay determinación y negación a muchas cosas que deben ser puestas a un lado para poder tener aquellas que son prioridad y también de valor a largo plazo.

Muchas cosas en la vida se logran porque alguien nos lo exige y nos lo está reclamando, pero cuando esa fuerza no está presente prontamente regresamos donde estábamos simplemente porque de nuestra parte no hubo aquel interés de asimilar la instrucción y motivación en el modo de hacerla nuestra y alcanzarla no solo porque otros lo dijeron, sino porque lo asimilamos y lo hicimos nuestro y eso nos dio el empuje para llevarlo adelante.

Nada cuesta contemplar y admirar los alcances de otros y pensar que ellos han tenido más suerte que la de uno y han logrado lo que uno no ha podido lograr, pero si pudiéramos cambiar el criterio y ver algo que en los demás permite ciertos logros, sería suficiente para que nosotros lo asimiláramos y empezáramos a ver el beneficio de poder hacer lo que observamos, porque pusimos de nuestra parte.

Muchas veces nos cuesta admitir que en esta vida muchas cosas están al alcance de todos nosotros si es que estamos dispuestos a observar, asimilar y empezar a actuar para que no nos quedemos donde estamos sino salirnos de allí con la debida disciplina y determinación. Eso no significa que es fácil ni mucho menos cómodo pero negándonos a muchas cosas de ese momento podemos ir avanzando.

Las cosas aún más placenteras cuando se nos imponen, no hacen más que hacernos sentir unos esclavos, porque hacemos lo que se nos pidió. Pero cuando uno mismo se lo pide a sí mismo, ya no es esclavitud sino una exigencia para alcanzar un objetivo previamente fijado.

Una parte de nuestra sociedad tristemente está haciendo lo que se les está pidiendo y hay una resignación porque están haciendo lo que les pidieron. Pero también hay quienes están aparentemente empeñados en una tarea que ellos se la han impuesto porque en el silencio de su mente tienen claro que quieren alcanzar y no se detienen hasta alcanzarlo. Si alguien les dijera en algún momento, que para que están empeñados en algo que nadie se los habrá de reconocer, lo más probable que no haga ningún comentario y simplemente sigas en lo que está hasta alcanzarlo.

Cuando uno está haciendo algo para que se lo reconozcan, tiene un proceso de sufrimiento que posiblemente no gratifique, pero si uno está empeñado en algo que tiene presente y determinado poco importa que le reconozcan. El simple hecho de llegar es un reconocimiento y cuando lo alcance ya tiene el próximo proyecto, porque si logro uno tiene el necesario empuje para el próximo.

La gran pregunta es dónde estoy y en cuál de los grupos me ubico, si necesito de terceros para alcanzar logros o si tengo el empuje necesario internamente movido con una disciplina que está llevando mi vida en una manera encadenada de un modo que deja una ruta de logros para que otros puedan motivarse también.

samuel.berberian@gmail.com

ESCRITO POR:

Samuel Berberián

Doctor en Religiones de la Newport University, California. Fundador del Instituto Federico Crowe. Presidente de Fundación Doulos. Fue decano de la Facultad de Teología de las universidades Mariano Gálvez y Panamericana.

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