ALEPH

Estamos de luto

Carolina Escobar

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Niñez

Hace dos noches, muchas niñas, niños y adolescentes (NNA) del Hogar Seguro Virgen de la Asunción huyeron del lugar, como casi cualquier NNA que se encuentra en situación de encierro. Lograron salir, pero fueron descubiertos y devueltos al hogar. Normalmente, cuando esto sucede y por ser personas menores de edad, debe haber una orden de juez para volver a entrar a las instalaciones. Por ello, las y los jóvenes no fueron devueltos a sus dormitorios, sino colocadas ellas en la escuela y ellos en el auditórium, mientras llegaba la mañana siguiente.

Al momento que escribo este texto, 19 adolescentes están muertas. Sus cuerpos calcinados están irreconocibles. Dos más están con la tráquea deshecha y los pulmones colapsados. Y aproximadamente 30 más están en los intensivos de los grandes hospitales públicos de Guatemala. ¿Cómo llegamos a esto? ¿Se pudo prevenir? De las pocas certezas que tengo hoy, es que sí. Esto se pudo prevenir. Y no precisamente llamando a la Policía, como se hizo esa noche de la fuga, por orden de una de las altas autoridades de la SBS.

¿Por qué, si es un lugar de protección y abrigo, tienen que usar medidas represivas como mecanismo de contención? Es cierto, quienes conocemos las dinámicas de un hogar de protección, sabemos que no es fácil controlar a grandes grupos de jóvenes enojados/as, sobre todo cuando han sido víctimas de tantas formas de abandono y violencia desde que nacen. Por ello le apostamos a la prevención y la atención integral como método. El Hogar Seguro Virgen de la Asunción, que de “seguro” no tiene nada, fue antes el Hogar Solidario Virgen de la Esperanza —cambian de virgen y de nombre según la agenda partidaria, lo cual demuestra que no es parte de una política de Estado— nació muerto desde su fundación, porque el modelo corresponde al de las grandes instituciones de los siglos XIX y XX, que atendían a los “marginados” a partir de una visión asistencialista. Pero además, porque ese “Hogar” se construye en una Guatemala donde la clase política no ha entendido que la niñez y la adolescencia deben estar en el centro de las agendas políticas de Estado.

Un lugar como ese, que se construye a partir de una visión estrecha, en un no-país como Guatemala, donde el dinero no está en las escuelas o los hospitales, sino en las cuentas bancarias de paraísos fiscales, no funciona. Por otra parte, fue hecho para atender a 400 NNA, y resulta que casi siempre su población ha oscilado entre 700 y 900. Actualmente, además, hay investigaciones por trata y otros hechos similares, que pesan sobre el lugar. Cada partido que llega al gobierno le imprime su sello a la gestión, y casi siempre pone estos temas en manos de señoras bien intencionadas pero con poca experiencia y conocimiento de esta problemática en Guatemala. Este es un tema definitivo para el futuro del país que anhelamos ser, y debe ser política de Estado.

Volviendo a los hechos. El Hogar Seguro no es un “reclusorio” o una cárcel para jóvenes delincuentes, como muchos creen. Hay, en una de las secciones, adolescentes en conflicto con la ley, pero la inmensa mayoría son NNA que han vivido situaciones de violencia y abandono. Y muchas/os son enviados allí porque los adultos que deben protegerlos no lo hacen. Están allí porque el Estado los ha abandonado, y Estado somos todos, desde las familias hasta el gobierno. Sociedad civil y sociedad política.

Lo que pasó duele y da rabia, porque es el símbolo de un Estado que no ha sabido cuidar a su niñez y adolescencia. Queda claro que no tenemos un Sistema de Protección Integral que funcione. Ahora, lo que faltaría es que no asuman la responsabilidad quienes deben asumirla, y que culpen a las y los adolescentes por lo sucedido allí. Solo eso faltaría, que del abandono pasaran a la muerte o a ser considerados criminales. Por las adolescentes muertas y por todos los abandonados, estamos de duelo.