FAMILIAS EN PAZ
Generación fuerte
Los seres humanos estamos expuestos en cualquier etapa de nuestra vida a momentos difíciles: enfermedad, muerte de un ser querido, problemas familiares, sentimentales, conyugales o económicos, que si no tenemos la capacidad de enfrentarlos podrían conducirnos a estados depresivos, afectando nuestra salud física y emocional.
Hay factores de riesgo que desde la niñez nos pueden hacer vulnerables, cuyas consecuencias negativas podrían manifestarse durante la juventud; en la tendencia a involucrarse en actividades delictivas, adictivas o en el suicidio, si no hemos desarrollado la capacidad de resiliencia.
Se trata de la capacidad de soportar la presión, de sobreponerse a períodos de dolor emocional o de situaciones adversas. ¿Cómo formar a las nuevas generaciones para que sean capaces de resistir las adversidades?
Como padres podemos aportar mucho para que nuestros hijos desarrollen esta actitud desde temprana edad, de manera que cuando sean adultos enfrenten con entereza los desafíos de la vida, manteniendo una actitud positiva. Lo contrario podría conducirlos a la destrucción, a la incapacidad de proteger su propia integridad física y emocional.
Comencemos por no darles el mensaje erróneo de que estamos aquí para que no sufran. A menudo nos enfocamos en trabajar duro para brindarles bienestar material y está bien, pero el carácter de un hijo no se forma con dinero sino con el ejemplo, con tiempo, con instrucción y disciplina. Pongámosles retos y dejemos que se equivoquen, que cometan sus propios errores para que aprendan a levantarse y puedan superar sus limitaciones. Conduzcámoslos al compromiso consigo mismos, que tomen el control de las situaciones y que aprendan a ser flexibles frente a los cambios. A veces es necesario que fracasen para enseñarles a manejar la frustración.
Valoremos a nuestros hijos en la justa dimensión, reconozcamos sus talentos y habilidades, estimulemos su creatividad. Enseñémosles a tener relaciones respetuosas y abiertas a la comunicación, corrigiendo a tiempo todo acto de indisciplina. Que reconozcan sus fortalezas pero también sus limitaciones, que sepan pedir ayuda cuando lo requieren y que puedan ser de ayuda a los demás.
En la seguridad del hogar se forma el carácter. Las manifestaciones de afecto son determinantes para que aprendan a amarse a sí mismos. Expresémosles cuánto les amamos, porque en esa interacción sabrán que hay un amor superior, el de Dios. Cuando reconocen esa realidad podrán desarrollar una espiritualidad profunda, convirtiéndose en factor determinante en su vida adulta; conocerán los valores éticos y morales que sustentarán sus decisiones y guiarán sus acciones.
La transformación social inicia con el individuo, en la formación de su carácter para enfrentar desafíos y el hogar es el centro formativo por excelencia. Cuando los padres asumimos nuestro rol veremos una generación diferente, fuerte, capaces de enfrentar cualquier adversidad.
Dios bendiga a las familias de nuestra nación.
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