Bien público

Guatemala: cerca de un autogolpe

Jonathan Menkos Zeissigjmenkos@gmail.com

Publicado el

El viernes pasado, Jimmy Morales y su camarilla demostraron la intención de regresar al oscuro pasado: despliegue militar por las calles de la Ciudad de Guatemala, asedio a la sede de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (Cicig), y una conferencia de prensa, rodeado de militares y policías, en la que anunció la decisión de no ampliar el mandato de dicha Comisión, suscribiendo el discurso de los corruptos sobre una “persecución judicial selectiva” y la corrupción de las instituciones de justicia.

Las acciones y esta perorata de Morales recuerdan la estrategia que los grupos de poder en Honduras —narcotraficantes, políticos y empresarios corruptos— han llevado adelante para poner y mantener en el gobierno al actual jefe de Estado, Juan Hernández, violando artículos de la Constitución, comprando medios de comunicación y lanzando campañas fundamentalistas en su favor, haciendo cruzadas de lobby en Washington, mientras minan el trabajo de la Misión de Apoyo Contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (Maccih), prostituyendo a la policía y aumentando recursos al ejército para comprar lealtades. El plan también ha incluido amedrentar jueces y magistrados e, incluso, aumentar la violencia y el terror para imponer un orden represivo militar y, finalmente, garantizar su continuidad política mediante elecciones fraudulentas.

Muchos de los fenómenos anteriores están pasando en Guatemala. Si ese es el mismo plan solo nos falta ver cómo Morales y sus aliados intentan capturar o sumar mayoría, por medio de alguna argucia legal en la Corte de Constitucionalidad, la Corte Suprema de Justicia, el Tribunal Supremo Electoral y la Procuraduría de los Derechos Humanos. El siguiente paso podría ser anunciar que el cercano proceso electoral seguirá su curso. Ya ha anticipado Morales: “Nuestro gobierno quiere elecciones libres”, así como alguna vez dijo “ni corrupto, ni ladrón”. ¿Quién le cree?

Morales no está solo en esta campaña proimpunidad ni son sus antejuicios los que más pesan. Hay otros agradecidos con su intento de poner bajo la alfombra toda la pestilencia de la corrupción antigua y presente: destaco entre otros, el presidente del Congreso, Alvaro Arzú, y los miembros del Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras (Cacif) que tienen el poder para que esta organización, ante la crisis política, solo exprese ser respetuosa de las decisiones del presidente.

Morales y sus cómplices están caminando por un piso muy frágil, que se mueve y agita con cada paso que dan. Están temerosos de perder ese poder heredado de la trampa, de los privilegios y de violar y hacer leyes a su medida. Un autogolpe podría ser parte de sus insensatas herramientas. Sin embargo, en el contexto actual, nacional e internacional, esta medida no les durará mucho. Solo conseguirán unir las fuerzas sociales dispersas actualmente y acelerar el inevitable acuerdo para un Estado democrático: trabajadores, indígenas, campesinos, estudiantes y empresarios. En el Ejército y la Policía, como en el empresariado, también hay hartazgo y división.

Finalmente, de poco servirá a los corruptos sus intentos de atraer a la comunidad religiosa. El Consejo Ecuménico Cristiano de Guatemala ha enviado un mensaje contundente: “reprobamos que se utilice discursos polarizantes como justificación para defender la impunidad y la corrupción o como excusa para evadir responsabilidades frente a la justicia”.

Estamos en un momento crucial, Guatemala se la quedan los corruptos o la ganan los demócratas. ¿De qué lado está usted?

jmenkos@gmail.com