SI ME PERMITE
Hace penitencia o cambia
“Lo que falta a los hombres en las grandes circunstancias no es el talento ni el juicio, sino el carácter y la voluntad. Con frecuencia trae más daño la debilidad y la propia desconfianza en sí mismo que la presunción y la extrema vivacidad.” Filipo Pananti
Estos días que conocemos como la semana mayor, muchos son los que toman el tiempo para reflexionar conforme a las prácticas que tienen en su fe y también incluyen prácticas que son propias de un penitente, admitiendo que, lejos de que seamos perfectos, tenemos errores y muchas veces somos culpables por no haber hecho nuestra parte para que las cosas estén mejor, y para ello no tenemos que buscar culpables, sino entender que somos responsables.
Claro está que el ser penitente es el inicio de una actitud y práctica, y si esto allí termina, la verdad no se ha llegado a mucho, sino a una mera expresión religiosa. Esta práctica debería llevarnos, primero, a identificar dónde está nuestra necesidad y en qué radica la conducta de nuestra vida que nos lleva a fallar y planificar de una manera responsable y determinada a cambiar y corregir, para que el próximo año, a esta fecha la vida tenga cambios evidentes que nos ayuden a la gratificación de que no somos los mismos.
Es evidente que somos parte de una cultura donde el cambio es muy poco apreciado y difícilmente lo buscamos, y más bien lo evitamos. Por ello muchos están atrapados en modos de vida que en nada les ayudan y aún tienen prácticas que los tienen esclavizados, y por ello buscan la religión donde mejor se pueden acomodar, por su problema para no tener que cambiar. En este caso el único que pierde es uno mismo y nadie más. Deberíamos buscar aquel entorno que nos rete y nos desafíe a cambiar y también a mejorar. Claro está que algunos de nosotros debemos ayudarnos, teniendo amigos que nos fiscalicen hasta alcanzar el cambio y no solo acomodarnos a una penitencia para aliviar la conciencia.
Hay otros que fácilmente tienen identificado a quien cargarle la culpa del mal que padecen, y por ello creen que simplemente cumpliendo la penitencia arreglan la cosa y lo único que han logrado es caer en un círculo vicioso y estar cada vez peor; la verdad, lejos de componer el problema están en una situación lamentable, que ni se ayudan y tampoco dejan ayudarse.
Debemos entender que un estado como este no solo daña al individuo que pasa un proceso de penitente (y no llega a buscar cambios de vida para salir del círculo vicioso), sino también afecta a los suyos y muchas veces son los que más ama y valora, pero en nada los ayuda. También el estímulo y ejemplo con los que lo rodean para que estos se inspiren en seguir el mismo camino.
Nuestra sociedad está urgida de cambios que deben ser reflejados en los individuos y su modo particular de vida, para que luego lleguen estas a afectar las estructuras. Por favor, hagamos nuestra parte, no para que seamos conocidos como una sociedad llena de penitentes que de una forma u otra están purgando su conducta de ayer. Que mejor nos conozcan como una sociedad en la que su gente está cambiando cada día, corrigiendo su vida por una conducta responsable, y tienen vidas, familias y sociedades dignas de copiar.
Esto no es hacer simplemente la “lucha”, sino la determinación de cambiar, y claro que es con la única ayuda del buen Dios, que siempre está dispuesto a ayudarnos a cambiar sin denigrarnos cuando le permitimos.
samuel.berberian@gmail.com