HORIZONTESActo irreflexivo

FRANCISCO BELTRANENA.

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Ha pasado el bullicio. Como quien no dice nada, las fiestas de Navidad han pasado y nos enfrentamos a los pocos días que restan del 2006.

El olor a cohete quemado, las calles llenas de papelitos, los adornos que comienzan a contar las días que les quedan, algunos apurados para salir disparados para disfrutar las vacaciones de año nuevo y la gran mayoría con la tremenda incertidumbre de lo que sucederá en los días venideros.

Ciertamente incertidumbre. No puede ser de otra manera. Imaginémonos que en apenas cinco días estaremos celebrando la bienvenida del 2007. Ya no se trata simplemente del inicio del siglo XXI. Comenzaremos el séptimo año del siglo, un siglo que se inició con grandes cambios, los que a manera de revolución silenciosa se han ido imponiendo a lo largo de la Aldea Global, de la cual Guatemala no es ajena y mucho menos extraña.

La revolución silenciosa, la de las tecnologías de la información y del conocimiento, se ha implantado irremediablemente en nuestro país. Una manera simple de verlo es la forma en la que funcionan los cajeros automáticos de tan extenso uso hoy en día en Guatemala.

Una banda magnética, que tiene registrados los datos del usuario, activa una llamada del ordenador que en realidad es el cajero. Por medios ya sea físicos (fibra óptica o cables de cobre) o inalámbricos, se comunica con un nodo central que a su vez lo distribuye al banco correspondiente emisor de la tarjeta del usuario que desea hacer una transacción a distancia.

El usuario transmite las instrucciones de lo que desea hacer y el ordenador central del banco le ordena al cajero automático que ejecute o no la operación solicitada por el usuario.

Hasta este momento, solamente el usuario es el humano que ha entrado en la cadena de comunicación. Si todo está en orden, el cajero automático ejecutará las órdenes recibidas de su central y el usuario terminará una transacción eminentemente cibernética.

Su uso ha facilitado y revolucionado las relaciones bancarias a tal punto que es posible ver hoy en día cajeros automáticos que pueden ser operados de manera multilingüe para un país pluricultural que ha ingresado a la revolución silenciosa, sin darse cuenta.

Claro que la cadena humana existe, no cabe la menor duda. Se hace necesario cargar el cajero automático con suficiente dinero en efectivo que permita las operaciones de retiro de dinero adecuadamente, y esa cadena humana requiere de especialistas que calculen el número de transacciones que se efectuarán en cada uno de los cajeros que hay en toda la República.

Para eso, hay un departamento de logística que se encarga de planificar cómo, cuándo y dónde se debe recargar.

Hasta acá todo funcionaría de maravilla si la cadena no se rompiera. Pero, ¿que tal si lo hiciera falta es el dinero que es suministrado por el Banco de Guatemala? Pues que, por perfecto que sea el diseño cibernético operativo y por más eficaz que se la cadena logística, nada funcionaría.

Y eso fue precisamente lo que pasó en la semana de Navidad y que seguramente seguirá pasando en la semana de fin año. Por un error, según dicen los especialistas, el Banco de Guatemala se quedó sin monedas y billetes suficientes para cubrir las operaciones de la época. ¡Qué tal!

Dijo sir Winston Churchill: ?Construir es quizá la lenta y laboriosa tarea de muchos años. Destruir puede ser el acto irreflexivo de un solo día?.

Quien no haya tomado las decisiones correctas en la cadena logística ha destruido en un solo día lo que ha tardado tanto tiempo en construirse. El sistema financiero nacional ha sufrido de tremendos embates en el 2006, como para terminarlo con semejante negligencia de las autoridades del banco central.

Excusas más, excusas menos, se hace necesario determinar las responsabilidades de semejante acto de negligencia, que no es más que un acto irreflexivo que está destruyendo lo que tanto ha costado construir. ¡Hasta la próxima!

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