HORIZONTESGuatemala, desde afuera
Escuchar a los presidenciables hace evidente la tendencia que tienen de buscar inevitablemente el centro, porque piensan que el que ocupe el centro gana. Pero me siento obligado a proponer algo aún más difícil: pensar en Guatemala, no desde el centro sino desde afuera. Pensar en Guatemala desde el mundo. Guatemala a lo largo de su vida como Estado ha conocido principalmente de dictadores y dictaduras, las que de guerras internas sangrientas pasan por breves períodos de calma hasta que el círculo vicioso se repite de nuevo.
Ese constante luchar por el control del poder, no permitió que Guatemala pudiera adecuadamente transitar hacia la modernidad. Nos hemos ensimismados en no ser (no ser modernos, no tener burguesía, o tener democracia, ni Estado, ni clase política, ni revolución industrial, ni ciencia), hemos perdido dos siglos mirando hacia adentro buscando la solución de nuestros problemas históricos.
Hemos comenzado a transitar por el camino que deja el pasado atrás aunque el ejercicio que iniciamos ya hace más de 16 años haya tenido y tenga sus entuertos. Pero seguimos viendo en el pasado sin querer reconocer lo que hemos evolucionado y sin ver hacia el futuro que deseamos.
Pero para poder ver hacia el futuro lo que tenemos que hacer es ver hacia fuera, ver dónde Guatemala está en relación con el mundo. Cuando leo la prensa escrita, escucho los radio noticieros o los noticieros de televisión, me doy cuenta de la poca importancia que prestamos a nuestro entorno internacional. Incluso los intelectuales y columnistas pensamos y reflejamos a Guatemala casi siempre desde adentro.
A esto contribuye, y no en poco, el que las ciencias sociales (en las que muchos nos hemos formado), con escasas excepciones, han hecho de la sociedad estatalmente organizada su unidad privilegiada de análisis. De ahí que todo modo de ver las cosas es un modo de no ver, y esa fascinación con lo interno, con el Estado como unidad, es hoy parte del problema y no de la solución que, de una parte, magnifica lo trivial y, de otra, banaliza lo importante, engrandece lo local pero empequeñece lo universal, y no permite comprender (como diría Ortega) ni al yo ni a sus circunstancias.
Si los guatemaltecos no aprendemos a ver Guatemala de afuera, continuaremos en el provincialismo. Nuestro futuro no se juega en la Ciudad de Guatemala, ni en Xela, ni en Cobán. Se juega en los Estados Unidos, en Europa, en la América Latina, en Asia e incluso en el Africa, pues ni nuestra política está cerrada sobre esta tierra, ni lo está la economía, la sociedad o la cultura. Por increíble que parezca, el futuro de Guatemala está fuera de Guatemala. ¡Hasta la próxima el jueves!