HORIZONTESLo peor está por venir

FRANCISCO BELTRANENA.

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Cuando están en el poder, los políticos se creen obligados a minimizar los riesgos de cualquier situación dramática, quitarle importancia a los acontecimientos incontrolables y transmitir a los ciudadanos la sensación de que todo está bajo control: tienen la secreta esperanza de que nunca va a ocurrir lo peor y piensan que si ocurre ya tendrán tiempo de hacer un llamado a la calma.

No creen de manera alguna, en la ley de Murphy de que si algo puede ir mal, irá mal; que si hay una posibilidad de que varias cosas salgan mal, saldrá mal la que cause mayor daño; que nunca nada es tan malo que no pueda empeorar.

Conscientes de que los políticos de la oposición exageran los peligros que se avecinan, incluso aunque fueran las que hubieran adoptado ellos mismos y redoblarán sus críticas si no adoptan ninguna, los políticos en el poder terminan por ocultar la realidad, manipularla o simplemente mentir.

Antes, los políticos gobernantes sólo mentían en caso de extrema necesidad: negaban la devaluación de una divisa, la imposición de nuevos impuestos, la implantación de un estado de sitio o toque de queda cinco minutos antes de tomar la decisión.

Pero la pura verdad es que ahora, las falsedades políticas forman parte de los convencionalismos sociales.

Me explico. Hoy día, aceptamos que cualquier declaración pública raramente dice la verdad.

Tal parece que con el correr del tiempo, y cuando nos acercamos al final del 2002, la vida se volvería insoportable si todos anduviéramos diciéndonos sinceramente lo que creemos en lugar de utilizar inteligentemente el lenguaje para ocultar lo que pensamos.

Pero la realidad es que nos estamos pasando. Los políticos deberían comenzar a pensar que los ciudadanos pueden perder la fe en sus palabras, y lo que es peor, en sus personas.

Tanto lo piensan el 1,200,000 que votaron por uno como el resto de los demás. Hacer política mintiendo tiene como costo final la falta de credibilidad en la política y en las instituciones democráticas que los políticos son representantes o intermediarios.

Los últimos días del año 2002, cual negro augurio del electoral 2003, estuvieron llenos de filtraciones noticiosas y de titulares de prensa que incluían entre otras la posibilidad de quitarle la visa norteamericana al presidente Portillo; y del ultimátum de 60 días que Europa le daría al gobierno.

Según los representantes de los países supuestos perseguidores, nada es verdad.

Para mí, éstos son sólo los prolegómenos de lo que será el año electoral, en el que tirios y troyanos comenzaron por involucrar a la comunidad internacional y que anuncia inequívocamente que lo peor está por venir. ¡Que los agarre confesados! ¡Hasta la próxima, el domingo!

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