HORIZONTESMi árbol de Navidad

FRANCISCO BELTRANENA.

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Decía ayer, en una estupenda columna, el profesor Armando de la Torre que el Adviento es un tiempo de reflexión para adultos.

A esto, yo quisiera agregar que como producto de ese período de reflexión personal es un momento para reforzar la solidaridad.

Es por ello que durante este período me he preparado para compartir con aquellas personas que hacen sonreír mi corazón; para los amigos que siempre estuvieron juntos hasta cuando yo no estaba dispuesto; para las personas que hicieron que mi vida fuera diferente; para las personas que cuando miro atrás siento mucha nostalgia; para las personas que me dieron fuerzas cuando yo no estaba animado para trabajar; para aquellos que sólo encuentro en mis sueños; para aquellos que encuentro todos los días y no tengo la oportunidad de decirles todo lo que siento con sólo mirarlos a los ojos.

Para aquellos que ya se olvidaron de lo importantes que fueron para mí; para aquellas personas que me dañaron, y me hirieron de alguna forma, y que aún así merecen mi perdón y mi cariño.

Yo quiero en esta Navidad armar un árbol dentro de mi corazón y en él colgar, sobre los regalos, los nombres de mis seres queridos y de mis amigos.

Comenzando por las ramas más altas los nombres de mi esposa, de mis cinco hijas, de mis nietos, de mis padres, hermanos y sobrinos. Seguiría por adornar las ramas que siguen con los de mis amigos, los que viven lejos y los que viven cerca.

Los antiguos y los más recientes. Los que veo todos los días y los que rara veces miro.

Los que siempre recuerdo y los que ha veces olvido. Los de las horas difíciles y los de las horas felices.

Los que sin querer herí y los que sin querer me hirieron.

Aquellos que no conozco profundamente y aquellos a los que poco conozco. Mis amigos humildes y mis amigos importantes.

Los que me enseñaron y los que tal vez un poquito aprendieron de mí.

Quiero que este árbol de Navidad tenga raíces profundas, para que los nombres de mi familia y amigos nunca sean arrancados de mi corazón, y que sus ramas se extiendan para agregar nuevos nombres, que venidos de todas partes se junten con los existentes.

Que sea un árbol de sombra agradable, para que nuestra familia y amistad sean un reposo en la lucha diaria de la vida en nuestra Guatemala.

Quiero que el espíritu de la Navidad haga de cada deseo una flor, de cada lágrima una sonrisa, de cada dolor una estrella, y de cada corazón una dulce morada para recibir a Jesús, nuestro Salvador. ¡Feliz Navidad y hasta la próxima, el jueves!

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