HORIZONTESPolíticos drogados
Dentro de nuestro cerebro se produce una serie de procesos permanentemente. Es fácil creer que el cerebro sólo sirve para pensar. Pero todo el tiempo se produce una serie compleja de reacciones.
Cuando alguien experimenta una sensación de triunfo o derrota, su cerebro y el resto de su organismo secretan una enorme cantidad de hormonas y neurotransmisores. Las percepciones, las sensaciones, los pensamientos, las emociones, los sentimientos y los actos voluntarios o reflejos dependen de la producción y velocidad de transmisión de esas sustancias químicas conocidas como drogas endógenas.
Cuando ocurre un acontecimiento de interés vital, aumenta la secreción de endorfinas, que nos protegen del dolor que pueda producirnos; de oxitocina, que nos ayuda a olvidar las tensiones pasadas; de adrenalina, que nos proporciona el equilibrio físico y síquico ante el estrés; de noradrenalina, que nos produce un estado de euforia increíble; de serotonina, que nos provee del equilibrio emocional; de dopamina, la que activa nuestras fantasías.
El triunfo o la derrota, ambos acontecimientos vitales, desencadenan, en fin, una borrachera de hormonas que nos hace sentir auténticos superhombres o supermujeres. Una borrachera de este tipo es lo que parecerían que están sufriendo todos los políticos, tanto de la oposición como del partido oficial, con ese adefesio que son las encuestas de opinión, proyectadas como si se tratara de los resultados finales de una elección que está a poco más de un año de suceder.
Si investigamos un poco, nos encontraremos con que el DRAE dice que adefesio significa despropósito, disparate, extravagancia, adorno ridículo. Y de todo esto, tienen un poco las encuestas publicadas recientemente.
En su obra Sabiduría de las Naciones, Bastus explica que la palabra podía bien proceder de la historia de un ciudadano de Éfeso llamado Hermodoro, de brillante posición, el que finalmente fue condenado al ostracismo.
Desde entonces, hablar ad ephesiosa los de Éfeso equivale a hablar inútilmente a gente que no hace caso de nuestras palabras. Explicaba Don Miguel de Unamuno que el origen de la palabra está en la epístola de San Pablo a los efesios, esos consejos que se leen a los que van a casarse, de los que nadie hace ningún caso.
Extravagancias, disparates, despropósitos. Borrachera de hormonas con esa droga del triunfo y de la derrota prefabricada extemporáneamente, las que son originadas por el adefesio de las encuestas políticas de intención de voto fuera de tiempo, credibilidad estadística y contenido conceptual, las que deberían estar condenadas al ostracismo por ahora, y ser utilizadas en la campaña electoral del año entrante.