HORIZONTESPrisionero de un secreto

FRANCISCO BELTRANENA.

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La tragicomedia guatemalteca, es la de nunca acabar. Las declaraciones bajo juramento del Embajador Hamilton, y posteriormente las del Sub-Secretario temporal Otto Reich ante el Senado de los Estados Unidos, contribuyeron con las manifestaciones de los funcionarios del Gobierno de Guatemala, a otro capítulo de nuestro folklórico Tartufo (obra irreverente de Molière).

Las declaraciones que los funcionarios de gobierno vertieron en respuesta a las declaraciones de los funcionarios parecían que violaban uno de los proverbios árabes fundamentales: ?no abras los labios si no estás seguro de que lo que vas a decir es más hermoso que el silencio?.

No fueron pocas las manifestaciones de respuesta expresadas. Tampoco fueron las mesuradas y medidas declaraciones de la Cancillería. Indiscriminadamente, y a todas luces sin director de orquesta de por medio, lo hicieron desde el Presidente del Congreso, pasando por el Vicepresidente, el Ministro de Finanzas, el Secretario de Estado vocero del Gobierno, además de prominentes diputados pertenecientes al partido oficial, entre otros.

Incluso, y por la versión del Ministro Weymann, por culpa de los empresarios guatemaltecos. Ciertamente, aquellos días tiernos de ?Luna de Miel? que se vivieron durante la gestión de la Embajadora Prudence Bushnell y de los embajadores europeos, acabaron por obra y arte de la magia.

Tal vez, y no estoy seguro de ello, los funcionarios de gobierno recordarán como pesadilla otro de los proverbios árabes fundamentales: ?lo que tu enemigo no debe saber, no lo digas a tu amigo?.

Me da la impresión que los funcionarios de gobierno, por increíble que parezca, no se dan cuenta del mundo en que vivimos. Bien podría ser que no se dieron cuenta que el Muro de Berlín ya cayó; quizás porque no quieren creer que la Internet ha globalizado la información; o quizás simplemente porque se quieren hacer los babosos.

Quizás cualquiera de esas cosas es lo que no les permite ver que luego del 9/11, las cosas en el jardín trasero de los USA tienen una enorme relevancia para ellos y su política exterior. Lo cierto, es que ante los representantes del noble pueblo de los USA, Guatemala quedó como un país paria, y no por culpa de sus ciudadanos.

Aquellas declaraciones vertidas ante el Senado de su país por funcionarios del Departamento de Estado, no se trató precisamente de rosas. Todo lo contrario, agregaron un intenso capítulo a la tragicomedia guatemalteca.

Pero a juzgar por las reacciones de asombro y sin tono de nuestros funcionarios, bien podría tratarse de que se dieron cuenta de la violación de un tercer proverbio árabe fundamental: ?Debo guardar mi secreto, es mi prisionero, en cuanto lo suelto me convierto yo en su prisionero?.

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