HORIZONTESUn año un día después

FRANCISCO BELTRANENA.

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El 11/09 marcó el inicio de una nueva era en el pensamiento estratégico de los Estados Unidos.

Los ataques terroristas de aquella mañana tuvieron un impacto comparable con los ataques del 7 de diciembre de 1941 en Pearl Harbor. El 11/09 trajo consigo el final de la época de la post-Guerra Fría (la paz americana) que había comenzado casi exactamente 12 años antes con la dramática caída del Muro de Berlín la gloriosa noche del 9 de noviembre de 1989, y a la que siguió en rápida sucesión el colapso del comunismo en la Europa del este, el final de la Guerra Fría, y en diciembre de 1991 la desaparición de la Unión Soviética.

Por primera vez en casi medio siglo, los Estados Unidos no sentía que tuviera ni un solo enemigo que pusiera en peligro su seguridad nacional y mucho menos, su forma de vida. A finales de la década de 1930, y durante la Segunda Guerra Mundial lo fue el fascismo. Durante la Guerra Fría, era la URSS y el comunismo. En ambos casos el peligro para ellos, era masivo y directo.

Como resultado, dentro de los Estados Unidos y entre sus aliados, existía un amplio consenso acerca de la gran amenaza que significaban, aun cuando salieron a luz diferencias como en el caso de la guerra de Vietnam.

Durante el breve período comprendido entre la caída del Muro de Berlín y los ataques del 11 de Septiembre del 2001, los Estados Unidos enfrentaban una multiplicidad de peligros menores no dominantes, como los conflictos étnicos, la proliferación de armas, el terrorismo, la inestabilidad política y financiera, el impacto del cambio del clima, las enfermedades infecto-contagiosas y la pobreza. Todo esto cambió en un solo día: 11/09/01. El terrorismo dejó de ser uno más de los peligros para los Estados Unidos, para convertirse en la amenaza principal para su forma de vida, y para sus intereses vitales.

El uso extremo y nihilista que del Islam hicieron los terroristas de Al Qaeda, al planear los ataques con aviones de matrícula norteamericana bien pudiera hacer pensar en el Islamismo como el posible tercer totalitarismo que reta a los Estados Unidos junto al fascismo y al comunismo. La persecución de Osama Bin Laden le llevó a derrotar militarmente al Talibán en Afganistán.

Las baterías se enfocan ahora hacia Saddam Hussein. Con el apoyo de Tony Blair y el de José María Aznar (la noche anterior al aniversario) la coalición comienza a armarse. ¿Pero será que el objetivo final es Bagdad? Viéndolo desde una óptica completamente diferente, a mí me luce que el blanco real es la monarquía saudí.

Cuando se analizan los verdaderos orígenes del financiamiento y operatividad de los ataques del 11 de septiembre del 2001, no puede uno dejar de pensar que después de ésta, Rhyad se quedará sin monarquía y sin sus excesos, a pesar de lo riesgoso. ¡Hasta la próxima!.

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