HORIZONTESUna libra de carbón
¿Feliz Navidad?:no, no, no. Tremenda sorpresa la que se dieron la mayoría de comerciantes al abrir sus regalos de Navidad: se encontraron con carbón. La temporada de ventas si no llego a mala, ciertamente será difícil que pase de mediocre. Escuchando a los analistas económicos norteamericanos, estimaban que las ventas descendieron en 11%.
Los números que reportaban los analistas del caso de la subsidiaria de Wal Mart en México es que quedaron muy lejos de sus expectativas. Los comerciantes guatemaltecos, lo mismo opinaban al cerrar la temporada navideña. De ahí que nos preguntemos ¿hacia dónde irá la economía? Pongámoslo de esta manera: cada vez se hace más difícil contar un cuento con un final feliz.
El cuento va hasta aquí así más o menos: en el 2000 la burbuja finalmente estalló. Mientras los empresarios redescubrieron la ley de la gravedad, la inversión en los negocios se cayó y la economía se estancó. Luego la situación se estabilizó más o menos. En los Estados Unidos, las repetidas disminuciones de la tasa de interés de Alan Greenspan, envalentonó a muchas familias norteamericanas a comprar casas nuevas y refinanciar sus hipotecas, colocando dinero en efectivo en sus bolsillos; y, por supuesto, los recortes a los impuestos les dieron una contribución marginal.
La fuerte demanda de casas y el gasto de los consumidores dejaron de lado la falta de inversión empresarial. Y así, la economía comenzó a crecer nuevamente. En Guatemala, las remesas familiares crecieron hasta casi convertirse en la principal fuente de divisas.
Pero la alegre recuperación, se produjo sin la creación de nuevos empleos tanto acá como en los Estados Unidos. Las planillas se continúan encogiendo, el número de desempleados es cada vez más alto y el número de familias que comienzan a sufrir las consecuencias cada vez se hace más grande. La caída de las bolsas también ha tenido sus consecuencias; que para no irse muy lejos han provocado que los fondos de retiro de muchos ancianos se hayan perdido y no tengan con qué vivir, salvo trabajando.
Una cosa estoy seguro: esta visión cambiará. ¿Pero en qué dirección? ¿Será posible que haya buenas noticias? Bueno, una victoriosa marcha sobre Bagdad, y la caída de Chávez en Venezuela significarían una baja en los precios del petróleo. Quizás la inversión pública programada en el año electoral reactive la economía, pero se necesita vender los eurobonos que tanta oposición tuvieron. Quizás los inventarios estén tan bajos que más de alguien ordene cosas que producimos localmente, pero ¿qué? Me dirán que estoy pesimista: sí. Las bolsas de carbón que dejó la temporada de ventas navideñas no permiten pronosticar un buen 2003. Sin embargo, para usted mis mejores deseos por un venturoso año nuevo. ¡Hasta la próxima el jueves!