EDITORIAL
Informes de gobierno alejados de la realidad
Cuando se acerca la época en que los presidentes de Guatemala promocionan su informe anual de gobierno es lugar común y redundante escuchar expresiones que hacen referencia a avances, progresos, inversiones y logros. En un intento vacuo de humildad, suelen mencionar, también como fórmula repetitiva, que aún falta mucho por hacer, que cuatro años son insuficientes, que las decisiones de administraciones anteriores les dejaron lastres.
No falta en esos discursos el recurso tecnocrático de las cifras, por lo regular redondeadas y abultadas, para causar la impresión de que se construyeron cientos de kilómetros de rutas, se atendió a decenas de miles de alumnos y se capturó a miles de presuntos delincuentes, como si no fueran tales tareas una simple y llana obligación de cada gobierno.
La invocación de la transparencia se ha hecho recurrente y políticamente correcta, pero no necesariamente verificada a lo largo de semanas y meses, pues subsecuentes informes de la Contraloría General de Cuentas dejan al desnudo reparos contables por sobrevaloración, falta de respaldo, documentación insuficiente y otras causas.
Con sobrada razón se ha cuestionado el uso de recursos públicos para divulgar los logros, verificables o no, de cada administración, puesto que no solo constituyen un dispendio estéril, sino que de forma reincidente se utilizan en un afán por allanar el camino para una reelección que nunca ha llegado, debido precisamente a que la población no es tonta y se da cuenta de las falacias que los gobernantes le quieren vender a un alto precio.
Bien haría este o cualquier otro gobierno en ahorrarse los recursos gastados en publicidad, e incluso evitar el obvio conflicto de interés que genera la pauta “gratuita” que les dan canales de televisión abierta. En lugar de sufragar campañas repetitivas, bien podrían destinar tales fondos, por voluminosos o exiguos que sean, a instituciones estatales de beneficio que subsisten a duras penas, tales como las escuelas de arte, la Hemeroteca Nacional o los museos nacionales.
Por otra parte, el informe de gobierno que inexorablemente llegará el 14 de enero debería concentrarse en un análisis crítico y estratégico del país, con datos y cifras reales, con un listado de errores cometidos y de responsables sancionados, en lugar de querer plasmar en tal seguidilla de datos una realidad que nadie cree, excepto una rosca e allegados, porque les interesa.
Esta manera de actuar encaja perfectamente en lo que históricamente se conoce como el espejismo del poder político. Indudablemente es muy fácil escuchar los halagos y las adulaciones, que no los señalamientos de errores y de comprobaciones de incapacidad e inexperiencia. Todo lo realizado se califica como importante; todas las ideas son consideradas geniales. Ello se manifiesta con más fuerza en los países donde no hay equipos políticos que no sean improvisados. Los informes, entonces, se convierten en guías turísticas de países inexistentes, que en el caso actual se llama “Jimmylandia”.