INTERNACIONALGiro demócrata a la izquierda
Los resultados de la elección intermedia en Estados Unidos han provocado una seria crisis de identidad dentro del partido demócrata, suscitado una revisión de sus estrategias y propiciado un giro radical del liderazgo hacia la izquierda.
El partido demócrata hizo historia al elegir a Nancy Pelosi, una política ultra liberal que representa a un distrito de San Francisco, California, como líder de la minoría demócrata. Esta es la primera vez en la historia del país que una mujer ocupa ese puesto.
El ascenso de Pelosi a su puesto de mando evidencia el reconocimiento a su trabajo y el respeto del partido al escalafón político. Antes de la elección, Pelosi ocupaba la segunda posición en el liderazgo demócrata en la Cámara, inmediatamente detrás de Richard Gephardt. Pero su elección va mucho más allá.
Es un intento del partido por recuperar sus raíces liberales y es, al mismo tiempo, un rechazo a la estrategia seguida en la última década. Una estrategia que si bien le permitió a Bill Clinton ganar el poder acogiéndose al centro del espectro político, hizo imperceptibles las diferencias entre ambos partidos.
En cualquier caso, la balanza de poder se inclina a favor de los republicanos y a los demócratas no les queda otra opción que el cambio de estrategias, de recursos y de liderazgo. En este sentido, Pelosi, quien se ha opuesto de manera casi sistemática a la agenda doméstica del presidente George W. Bush, representa un cambio radical. Esta mujer de profundas convicciones humanistas fue uno de los pocos miembros de la Cámara de Representantes que votó en contra de la resolución que autorizó al presidente a usar la fuerza contra Iraq.
Desde su elección en 1987, Pelosi ha hecho prioritaria la defensa de los derechos humanos y sus críticas al régimen comunista chino por sus continuas violaciones a los derechos de sus ciudadanos son legendarias. También es famosa por sus esfuerzos en la lucha contra el SIDA buscando mitigar sus efectos y socorrer a quienes lo padecen. Su defensa de los programas de bienestar social o ?welfare?, ha sido incesante. Aquí cabría destacar su lucha por recuperarlos para los inmigrantes legales que los perdieran cuando Clinton hizo la reforma al sistema.
En campaña desde el día siguiente de la elección intermedia, demócratas y republicanos han empezado a definir la ruta que seguirán en la batalla para la elección presidencial del 2004.
Para los republicanos, la estrategia es clara y simple. Hay que continuar por el rumbo marcado por el presidente George W. Bush estableciendo como prioridad la seguridad nacional, rogándole a Dios que en Irak no suceda una catástrofe que se traduzca en envíos masivos de bolsas de plástico conteniendo los restos de jóvenes americanos.
Los demócratas, parecen estar convencidos de que ganar el centro es una quimera, y ahora fijan su esperanza en recuperar el voto de los Afro-Americanos, de los sindicalistas, de los pobres que carecen de seguro médico, de aquéllos que apenas ganan el salario mínimo y de quienes añoran las épocas en las que el partido demócrata peleaba y ganaba la implantación de programas sociales que beneficiaban a las mayorías.
Con Pelosi en el liderazgo de la minoría en el Congreso, el partido demócrata recupera la tradición de Thomas P. ?Tip? O’Neill y de Jim Wright, los legendarios líderes del Congreso que definieron la agenda liberal de su partido. Nada garantiza a los demócratas que su cambio de estrategia vaya a tener éxito pero al menos la diferencia entre ambos partidos será más clara.
Para América Latina, la promoción de Pelosi trae un paquete mixto. Negativo para aquellos países como Guatemala, El Salvador y Perú que buscan concretar un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos. Pelosi votó en contra del Pacto Andino y del Trade Promotion Authority o fast track. El Plan Colombia nunca ha sido de su agrado y dada su devoción a la causa de los derechos humanos y su cercanía a las organizaciones no gubernamentales más liberales del país, debemos esperar un mayor escrutinio en esta área.