INTERNACIONALOfensiva contra la corrupción

SERGIO MUÑOZ BATA

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El Departamento de Estado norteamericano diseña nuevas políticas para luchar contra la corrupción, declarándola el mayor obstáculo para el desarrollo económico y social de las democracias emergentes.

En su testimonio ante un sub-comité de la Cámara de Representantes, a principios de mes, el subsecretario de Estado para asuntos hemisféricos, Otto Reich, habló con inusitada franqueza sobre la creciente corrupción, la influencia del crimen organizado y los vínculos de funcionarios del gobierno guatemalteco con bandas de traficantes de narcóticos y personas.

Apenas unas semanas antes, el mismo Reich se había aparecido por Nicaragua teniendo dos objetivos en mente. Primero, dejar en claro el apoyo del gobierno norteamericano al presidente Enrique Bolaños en su lucha contra la corrupción. Segundo, evidenciar su desprecio al ex presidente Arnoldo Alemán, acusado de malversación de fondos del gobierno para su provecho personal y de su familia. Con su acostumbrado cinismo, el ex presidente nicaragüense intentó sacudirse las acusaciones en su contra aduciendo que se trataba tan sólo de una campaña de desprestigio.

En Guatemala, la reacción inicial del gobierno y sus allegados fue predecible. Para mostrar su desencanto con las declaraciones de Reich, la Cancillería mandó llamar a su embajador en Washington. Desde la presidencia del Congreso, el General Efraín Ríos Montt, un ex presidente guatemalteco de triste memoria y futuro aterrador, intentó restarle importancia a las declaraciones del funcionario norteamericano diciendo, ?No están bien informados?.

También hubo, afortunadamente, comentarios sensatos como el editorial de Prensa Libre en el que se reconoció que el mensaje de Reich, aunque inusitado por su dureza, no hacía sino reflejar realidades bien conocidas por todos los guatemaltecos.

La franqueza de Reich para describir en términos reales los problemas de otros países del hemisferio tiene un propósito claro y debería ser vista como un adelanto de lo que podría ser la base de una nueva política hacia la región. El Departamento de Estado y su vocero para América Latina quieren acabar con el mito propagado por los globalifóbicos, de que la adopción de la economía de mercado no funciona en los países en vías de desarrollo.

En realidad, nada funciona, ni el gobierno, ni la sociedad, ni la política cuando la corrupción invade todos los dominios. La corrupción es lo que impide el desarrollo económico de los países y la nueva política norteamericana en el hemisferio occidental se ha planteado la tarea de erradicarla o por lo menos disminuirla.

Para avanzar su tesis Reich se ha valido de estudios realizados por el Banco Mundial y por Transparencia Internacional que demuestran que la corrupción es el mayor obstáculo para el desarrollo económico y social de los países. En el terreno de la Realpolitik, el mensaje de Reich a los países del área centroamericana también es claro. Quienes aspiren a formar parte del Tratado de Libre Comercio que Estados Unidos tienen que poner la casa en orden. Costa Rica y El Salvador ya han marcado la pauta. Nicaragua y Honduras están corrigiendo viejos vicios y van por el camino correcto. Guatemala sigue estando al final de la línea.

Dos aspectos que Reich no tocó en su testimonio y que deberían ser considerados en cualquier análisis de la corrupción son los siguientes. La corrupción gubernamental prospera cuando las instituciones y leyes que rigen a un país son débiles y cuando los valores de la ciudadanía no están firmemente asentados en su cultura.

En el caso de las democracias emergentes la fragilidad de las instituciones y el desapego al estado de derecho son hechos contundentes. Además, como bien ha señalado el profesor argentino Guillermo O’Donnel, uno de los problemas más graves y menos estudiados es la debilidad de sus culturas cívicas, la debilidad de su ciudadanía.

Como ejercicio de reflexión sería interesante que cada país de Latinoamérica revisara los valores ciudadanos vigentes en su país y concluyera si se parecen a los de Suecia o a los de Ruanda.

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