Con otra mirada

La Ceiba, su simbolismo y cuánto nos importa

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

El 8 de marzo de 1955, el Estado de Guatemala reconoció la ceiba Pentandra, como árbol nacional, por ser representante de la flora guatemalteca. En el mundo prehispánico fue considerado el árbol que sostiene el universo: sus ramas están en el cielo, los hombres viven en su tronco y sus raíces están en el inframundo, en  Xibalbá. Bajo su follaje tiene lugar el mercado.

Sin duda la escena más impactante, por tratarse del inicio de la evangelización de nuestro territorio, es la misa celebrada bajo la sombra de la ceiba de Palín, en 1524, por el cura franciscano que vino con los conquistadores. Esa ceiba está frente al templo Pocomam, sobre el que más adelante se construyó el templo católico, como símbolo de dominación. Es la ceiba que aparece en la moneda de 5 centavos. Por su connotación prehispánica como árbol sagrado, mantenemos el criterio de que no debe cortarse sin antes pedir permiso a los dioses; y por su categoría de símbolo nacional, lo consideramos prohibido.

Esta introducción viene a propósito de las barbaridades urbanas llevadas a cabo en los últimos meses en un sector de la colonia Mariscal, zona 11 de la ciudad de Guatemala, y las mutilaciones hechas a la ceiba frente el templo de la parroquia Nuestro Señor Jesucristo Crucificado de Esquipulas. Como el país entero, ese sector carece de una debida planificación territorial y del uso del suelo, por lo que prevalece la especulación de los inversionistas ante la debilidad de las instituciones. El resultado son soluciones casuísticas. El efecto de esa malsana combinación es el caos urbano, con su inmediato efecto negativo sobre el tránsito vehicular, que en aras de atenuar su colapso, los primeros en ser sacrificados son los espacios de circulación peatonal, áreas verdes, libres o parques.

En esa colonia, donde antes hubo viviendas unifamiliares, ahora son construidas torres de apartamentos, incrementando la densidad de ocupación del suelo y el consecuente flujo vehicular. Ante la ausencia de la mencionada planificación y el consabido criterio maniqueo que es más fácil pedir perdón que permiso, los constructores convinieron con el alcalde auxiliar a realizar “mejoras urbanas” a su derredor, adoquinando banquetas, encaminamientos de áreas verdes y modificar arbitrariamente las esquinas del colegio existente, provocando más problemas al ya denso tránsito vehicular que soluciones; operación que ante sus efectos debieron ser demolidas. Prueba y error, en vez de planificar.

En su afán por contribuir con el ornato, se dispuso trabajar el área verde alrededor de la ceiba frente a la parroquia, eliminando la calle entre el área verde y el atrio. Alrededor de la ceiba se diseñó una banca escalonada y concéntrica, con estructura metálica y concreto, desde el bordillo exterior hasta el tronco. Para el efecto hubo de cortar algunas raíces y por la altura alcanzada, algunas ramas. El esperpento fue denunciado ante la Municipalidad por el colega arquitecto Rodolfo Asturias Méndez, vecino del lugar. En su peregrinaje llegó a determinar que la propuesta no había sido consultada con los entes técnico-administrativos de la Municipalidad de Guatemala, nadie sabía nada, por lo que la única opción fue denunciarlo públicamente. La Sección Ciudades/Medioambiente, de Prensa Libre, ante las mutilaciones causadas al árbol sagrado, evidenciado por las fotografías del proceso, publicó dos reportajes. El resultado en esta oportunidad fue positivo. La aberración fue demolida.

Enhorabuena al colega Asturias Méndez por su civismo y tenacidad, lo mismo que a los reporteros Manuel Patzán, Antonio Barrios y Edwin Pitán, por su apertura, investigación y apoyo.