CATALEJO

La OEA necesita actuar diferente

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LA ORGANIZACIÓN DE Estados Americanos ha sido, desde su fundación en 1948, foco de críticas por sus acciones y sus omisiones, al punto de ser considerada como un elefante blanco, un tigre de papel o un instrumento de las directrices de Estados Unidos, como la reunión de Caracas en 1954, cuando la condena contra el comunismo resultó ser una manera eufemística de poner en el cadalso al régimen arbencista de Guatemala, donde en efecto y con la mentalidad de la época, varias decisiones podían ser interpretadas de manera válida como parte del avance soviético en el istmo. Es tema complicado. Hoy, el mundo y la OEA son distintos, pero el momento actual obliga a una actuación real y clara a favor de los teóricos principios democráticos.

VENEZUELA RESULTA SER de nuevo el centro de una decisión de la OEA, esta vez diametralmente opuesta. Con Nicaragua, caso muy similar con facetas distintas, hay gobiernos llegados al poder como consecuencia de incapacidad y corrupción, en el caso nicaragüense, como de abuso de la clase política tradicional, en la tierra de Bolívar. Daniel Ortega, triunfador contra el somocismo, fue sacado del poder por la vía de los votos. No quiere más de esa medicina y por ello ha convertido las próximas elecciones en un verdadero chiste. El caso se complica a causa de la inexplicable decisión de adquirir armas rusas aparentemente de segunda mano, en una decisión incongruente con la situación militar del istmo centroamericano.

EN VENEZUELA, LA REVUELTA castrense de 1999 tuvo apoyo popular debido al descaro de los partidos y muchos innegables abusos empresariales. Chávez llegó a la presidencia pero olvidó pronto su promesa de instaurar la democracia. Como Ortega, se encantó con el poder mesiánico, y a regañadientes debió enfrentar el espíritu contestatario del pueblo. A su heredero Maduro, sin carisma ni habilidad, le aterroriza aplicar los propios mecanismos de la Constitución chavista. La crisis ha llegado al extremo: la Asamblea Nacional se declaró en rebeldía ante la decisión del títere Tribunal Superior Electoral de impedir el referendo revocatorio. En Nicaragua, una entidad similar afín a Ortega dejó fuera a los candidatos con posibilidades: ya fue expulsado por la vía del voto. Entonces, las elecciones se convierten en un chiste.

ESTE ES EL ESCENARIO actual urgido de una acción de la OEA. En Argentina, Perú y en cierta forma Colombia, los pueblos votaron por hacer a un lado o impedir al populismo izquierdista y esa voluntad fue respetada, aunque el mensaje popular cause escozor a muchos, mas no parece ser la próxima realidad de Nicaragua y sí la de Venezuela. Los venezolanos, experimentados en la tarea de expresar sus deseos y críticas en manifestaciones muchas veces multitudinarias, han salido a las calles una vez más, hasta ahora sin víctimas derivadas de la desesperación gubernativa, pero el riesgo es claro. Es una realidad proclive a una crisis política convertida en estallido social. No verlo es muestra de miopía, irresponsabilidad o ambas.

LA OEA PARECE TENER AHORA algunos bríos. No se puede continuar respondiendo con el estremecedor silencio ante estas manipulaciones, imposibles de ocultar hoy en día. Todo esto obliga incluso a tener la valentía de encontrar el significado de “autodeterminación” porque este no tiene sentido si lo determinan gobiernos totalitarios. Si la OEA quiere tener motivo de existir como ente útil, necesita formar una comisión de crítica y análisis ético independiente, es decir también integrada por representantes ajenos al oficialismo. La única manera de forzar la eliminación de retorcimientos de las leyes, es integrar una especie de defensoría elegida entre ciudadanos probos del continente para contrarrestar cualquier abuso politiquero cuando se presente.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.

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