DE MIS NOTAS
Los 25 de la biosfera
Hace unos 23 años, Héctor Centeno se me acercó para invitarme a participar en la Junta Directiva de Defensores de la Naturaleza. Tenían poco tiempo de haber logrado casi un milagro: la aprobación del decreto del Congreso, que declaró la “Reserva de Biosfera Sierra de las Minas”, un 4 de octubre de 1990.
Estuve algunos años involucrado con otros compañeros benditos de la naturaleza, por su dedicación y espíritu conservador.
Magaly Rey Rosa fue la que más esfuerzo y dedicación le dedicó para lograr esa portentosa hazaña en días en que la conservación no estaba en la plana principal de las prioridades nacionales, mucho menos en la conciencia de los políticos de aquel entonces. Pero se logró.
Y junto a Luis Móvil, Jurg Egli , Andreas Lennhof, y otros más, se comenzó lo que efectivamente podemos calificar como el inicio de la conservación científica organizada en Guatemala.
A través de convenios de coadministración, además de la Reserva de Biosfera Sierra de las Minas, otras más surgieron, como el Refugio de Vida Silvestre de Bocas del Polochic, Parque Nacional Naciones Unidas y el Parque Nacional Sierra de Lacandón. Esto representa el 5% de la totalidad del territorio guatemalteco.
En palabras de Óscar Núñez, director ejecutivo: “Fundación Defensores de la Naturaleza, desde 1983, se ha dedicado a la conservación y manejo de recursos naturales de Guatemala.
Además, ha impulsado la creación de 23 reservas naturales privadas y municipales en el Valle del Río Motagua. Y lo más importante es que después de estos primeros 25 años de declaratoria de la Reserva de la Sierra de las Minas, más del 95% de los 500 mil beneficiarios de los servicios ambientales son los mismos “Defensores de la Naturaleza”.
“En la Sierra hemos demostrado que es perfectamente viable producir y desarrollarse sosteniblemente, pero de la mano con la Naturaleza, con la conservación, con el respeto a los espacios del Quetzal, del Jaguar, del Tapir, del Pavo de Cacho o de aquella diminuta orquídea, que permanece sin identificar a más de 70 metros de altura sobre los majestuosos encinos del Bosque Nuboso arriba de Los Albores.
Finalmente, esta breve reseña de los 25 años de la Sierra de las Minas nos demuestra que el éxito de la conservación se basa en el involucramiento de la sociedad, comunidades, productores, de las autoridades. No se basa en poner rótulos o talanqueras que impidan o nieguen el acceso a los bosques enanos, a los bosques mágicos, a los bosques nubosos; sino todo lo contrario, es ver cómo nos la ingeniamos para que un maestro eduque en función de biodiversidad, para que un campesino realice mil o dos mil metros de barreras vivas, para que una ama de casa sepa y luche por su agua limpia y permanente, para que un ejecutivo agroindustrial ratifique que el agua es un bien de producción y que posee un valor, y que un alcalde lidere los procesos de regulación y denuncia en materia de conservación.
Los invitamos a leer, reflexionar, discutir y a soñar con la Reserva de Biosfera Sierra de las Minas. A visitarnos, a convivir los siguientes 25 años, a emprender las luchas necesarias, a caminar en el Bosque Nuboso más impresionante y mejor conservado de toda Centroamérica. A acompañar a nuestros guardarrecursos, a quienes dedicamos esta memoria.
Sin ellos, la joya de la corona de la conservación en Guatemala ya no existiría”.
alfredkalt@gmail.com