Escenario de Vida

Movimientos de personas en la frontera de EE. UU.

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Todos sabemos de muchas personas que ilegalmente cruzan la frontera hacia EE. UU. en busca del sueño americano. Quienes lo hacen huyen de la pobreza, violencia o extorsión. Al hacerlo, no se imaginan que vivirán la pesadilla más grande de sus vidas. Resulta que el negocio para los coyotes no es tan solo el pago por transportar a la gente a la frontera, sino que es recibir el doble de parte de los carteles del narcotráfico y crimen organizado al revenderlos.

Existe mucha desinformación sobre el traslado de personas indocumentadas, ya sea por amigos o familiares que les convencen que será todo fácil. Magdalena, originaria de un pueblo en el altiplano, se trasladó a Estados Unidos desde hacía varios años, enviaba constantemente remesas a la familia que dejó atrás. Por la falta que le hacía su pequeña hija Rosario, habló con un coyote, quien le cobró US$ 20 mil por pasarla por la frontera. Cuando Magdalena llegó por su hija, no la encontró, y jamás volvió a saber de ella, ni pudo reclamarle al coyote.

¿Qué fue lo que pasó? El coyote obviamente no iba a quedarse satisfecho con US$20 mil, ya que la niña de 11 años tenía un precio mayor si era revendida a la gente que se dedica a la trata de personas. Es así como el coyote cobró US$40 mil extra por la pequeña Rosario, a quien obligaron a ejercer la prostitución. Además, con la separación de menores reclamados por padres o familiares que no lo son, la explotación se da de manera inimaginable.

Don Ignacio, que había hecho su vida en Estados Unidos y era padre de cuatro varones, mandó a traer a Marco, de 14 años; José, 15, y Álvaro, 17, desde Guatemala. Pagó cantidades exhorbitantes a un coyote, pero los jóvenes jamás aparecieron. Fueron reclamados por un supuesto padre en la frontera y luego ven didos a los carteles para hacer trabajo forzado.

Matilde, de 20 años, madre de una pequeña niña fue interceptada por una banda en el desierto antes de llegar a su destino. Los coyotes las vendieron a un grupo de narcotraficantes. Matilde fue utilizada para transportar droga dentro de su propio cuerpo y a la niña la mataron al quitarle sus órganos para ser vendidos en el mercado negro. Matilde sigue esclavizada acarreando droga sin poder regresar con los suyos, ya que los coyotes saben todo sobre su familia y la amenazan con matar a su madre y hermanos.

La abogada y migrante Evelyn Leiva, residente en Washington DC, comenta que en una situación de esta naturaleza nadie puede seguir nuestra pista, pues somos tan solo un pedazo de carne en medio de la nada. Además, ningún Estado puede responder legalmente, pues no hay un registro migratorio sobre nosotros. Es como si no existiéramos. Tanto hombres como mujeres, jóvenes o niños corren peligro, pues son considerados de forma desalmada como objetos por los coyotes, ya que saben que pueden obtener mayores beneficios. La licenciada Leiva reitera que el Gobierno de Estados Unidos no se puede tomar el riesgo de entregar a ningún niño a quien lo quiera reclamar sin la prueba fehaciente de su parentesco. La razón de no entregar a los menores tan fácilmente es porque el Gobierno debe estar seguro que quienes los reclaman son en efecto los verdaderos padres o familiares. De otra forma, la responsabilidad recae en el Gobierno de EE. UU.

Si usted conoce a alguien que quiera cruzar la frontera ilegalmente, muéstreles este artículo para que desistan y evíteles una desgracia mayor. Sintonice hoy el especial de TV, a las 14.30 y 20.30 horas, Los Secretos Mejor Guardados deWashingston DC, por Guatevisión y escríbame.