La era del fauno

Municipalidad de Chinautla: un negocio de familia

Juan Carlos Lemus @juanlemus9

En Chinautla suceden tragedias que ya nadie se entera. La gente vive prácticamente secuestrada. Esta semana, en una de sus aldeas mataron a un niño. Personas del lugar dicen que unos pandilleros lo encerraron a pocas cuadras de su casa, le extrajeron los órganos y lo degollaron. Esa crueldad, que debería ser motivo de un paro nacional, pasó inadvertida porque ya es normal, o porque hay sitios a los que no tienen acceso ni los bomberos, menos los periodistas, y con razón, pues son territorio de las pandillas.

Qué clase de infierno es este, qué clase de país habitamos, qué clase de gente es la que toma el poder. Qué tipo de mente criminal tienen esos alcaldes, exalcaldes, funcionarios en general que viven para robar. Son más criminales que las pandillas. Tienen suficientes recursos económicos. Pues dinero, hay, en abundancia. Según la CICIG y el MP, Q600 millones quedaron repartidos entre la familia Medrano.

Chinautla es un pueblo enorme, pobre, descuidado por el Estado de Guatemala. Desde que la tormenta Agatha se llevó el puente en el año 2005, se mandó chapucear el problema haciendo otro de tierra apelmazada y adoquines, que ya no sirve. Las 13 aldeas carecen de transporte público suficiente y seguro. De Chinautla hacia la zona 6 de la capital, las personas viajan subidas en los techos de los buses, apuñuscadas en esas motos disfrazadas de carros (tuc tucs) y denigradas en las palanganas de picops.

Los que así viajan son los trabajadores afortunados, pues una mayoría camina kilómetros durante horas entre zanjas, barrancos llenos de basura, muchos van descalzos. De noche, prácticamente no hay vida en las calles, excepto por grupos que se reúnen como lo hacían los primeros cristianos, en sus casas, donde oran por su vida.

Chinautla es un pueblo marginado del gobierno central y municipal. A sus lugares más alejados llegan los candidatos solo en época de elecciones. Arnoldo Medrano, quien fue alcalde de Chinautla por casi 30 años, comenzó con la DC, se cambió al PAN, al FRG, a la alianza MR-PP, a la UNE, a Líder; luego, volvió con el PP. Este personaje, detenido en 2015 acusado de lavado de dinero, peculado y uso de documentos falsificados, en época electoral regalaba gallinas, láminas, costaneras, comida y daba excursiones a los pobladores. Aquella bondad perjudicial que ocultaba una mente perversa, solo merecía parar en la cárcel, como es el caso.

El jueves 20, el MP y la CICIG dieron otro golpe a la corrupción Medrano con el caso “La municipalidad de Chinautla: un negocio de familia”. Quedaron detenidos varios familiares del exalcalde y fue anunciada una solicitud de antejuicio en contra de su hijo, el diputado Gustavo Arnoldo Medrano. El dinero que fue a parar a esa familia es tanto que con ello habrían podido revolucionar Chinautla: sacarla radicalmente de su pobreza educativa y proveerla de salud y vivienda.

Por más que uno intente comprender cómo funciona la mente de esas personas que fueron llamadas a servir al país, a su municipio, es imposible. Han tenido la oportunidad de mejorar la vida de toda una población, pero durante años se organizaron para asfixiarla.

Las municipalidades no son las encargadas de la seguridad ni de combatir la delincuencia, pero con tanto dinero podrían impulsar proyectos de salud, educación; promover espacios de fortalecimiento cultural y de convivencia. En lugar de regalar gallinas y lanzar mendrugos desde la ventana de sus caletas, esos infames podrían haber creado un nuevo municipio. La historia ya los está juzgando, gracias a los esfuerzos de la CICIG y del MP.

@juanlemus9