PALABRAS DE PAPELDesdeñosa reprimenda
El presidente de Costa Rica nos hizo el favor de venir a Guatemala. Es más, tuvo la suficiente humildad para descender de su pedestal y darles lecciones de moral, probidad y decencia a los diputados del Parlacén.
Estupefactos, los representantes regionales no salían de su asombro ante la reprimenda del doctor Abel Pacheco, quien censuró y exageró los privilegios de que disfrutan esos legisladores, pero omitió mencionar los aspectos positivos de este organismo.
Naturalmente que el Parlacén no ha satisfecho las expectativas que despertó su creación, pero de todas formas es una instancia que contribuye a avanzar en el áspero, lento y tortuoso camino hacia la integración centroamericana, con la excepción de Costa Rica, cuyos habitantes en su mayoría miran con desdén al resto de los subdesarrollados centroamericanos.
Es propicio recordar que los presidentes de Centroamérica, con la reticencia del mandatario costarricense de la época, el presuntuoso Oscar Arias, al firmar la Declaración de Esquipulas le dieron vida al Parlamento Centroamericano, a iniciativa del guatemalteco Vinicio Cerezo y con la acuciosidad y perseverancia del vicepresidente Roberto Carpio Nicolle, verdadero padre de la criatura.
Ciertamente el Parlacén adolece de deficiencias que lo tornan infuncional en algunas áreas, sobre todo porque sus resoluciones no son vinculantes, pero aun así es el órgano de representación legítima de los pueblos de cuatro países del área, y encabeza políticamente el proceso de la constitución gradual de la unión regional, constituyéndose en el brazo institucional democrático del sistema de la integración centroamericana.
Con suficiente madurez, los diputados del Parlacén deben reflexionar en torno a las críticas vertidas no sólo por el presidente Pacheco, sino por grupos sociales y analistas de la región, para eliminar prácticas perjudiciales que deterioran su imagen, y con el fin de oxigenar y revitalizar al organismo, en búsqueda de su optimización, para que participe con más peso y autoridad política y moral en la integración regional.
Además, deben dejar de cortejar a los costarricenses, porque, después de todo, con las actitudes aislacionistas de éstos, no son los otros países del área los que pierden en estos tiempos de regionalización y globalización.
(Un tico de visita en Antigua le increpa a Romualdo: Mucha bulla la de ustedes con sus ruinas tan viejas; si nosotros quisiéramos tener, serían de concreto armado).