PERSISTENCIA – Poema de Alberto Valenzuela

Margarita Carrera

|

Tan extraordinario poema me lo escribía un poeta, antiguo y destacado alumno mío en la Universidad del Valle de Guatemala (UVG), Alberto Valenzuela. Había venido a mi casa el mismo día, el mismo momento, en que me acababan de robar todo lo que de valor tenía. Llegaba para entregarme —como me lo había prometido— la segunda parte de una traducción que estaba realizando —sin interés de lucro alguno— del famoso libro de Francisco Goldman The Art of Political Murder. Who Killed the Bishop —catalogado como uno de los mejores cien libros escritos en los EE. UU.—. Era el momento en que sentada en una grada del patio repetía como disco rayado, tomando la cabeza entre las manos: “Me lo robaron todo, me lo robaron todo”. Lo identifiqué como el donador de los cartuchos y autor del poema, por la descripción que Bertita me hizo de él. Un día antes, el 14 de diciembre, le había relatado a mi hijo cómo me habían despedido de catedrática en la UVG, cabal cuando cumplía mis bodas de oro como tal en diversas universidades. Mi hijo se lo había relatado a él y, según me contó después el mismo Alberto, se había despertado a las 3 de la mañana y, como recibiendo un dictado, había escrito lo que le salía del alma. He de confesar que las lágrimas me bañaban el rostro. “Yo no lo conocía como poeta”, le dije, “únicamente como ensayista y excelente lector”. Su regalo alivió mi corazón de gran parte de mi inmenso dolor. ¿Es posible —me decía a mí misma— que pueda inspirar tan extraordinarias palabras? Poco a poco había ido recuperándome del cruel despojo, cuando mi casa fue violada. Poco a poco, y cuando ya me sentía mejor, recibo esta noticia de parte de la UVG, que volvió a traer mi ánimo abajo. Vivir es sufrir, me digo, y mientras más se vive, se acumulan más los sufrimientos, pero también los gozos. Dejar de ser maestra es como renunciar a la mitad de mi ser. Porque dos cosas alimentan mi alma: enseñar y escribir. Gozo tanto lo uno como lo otro. ¡He aprendido y gozado tanto enseñando! Lo mismo que escribiendo. En ambos oficios me realizo, me identifico, llego a ser lo que quiero ser. Dejar uno de ellos es como morir un poco, la mitad de mí deja de existir. Confieso, pues, que estoy sufriendo y que añoro los días en que daba clases de Teatros Griego y Latino, Épicas Griega y Latina, Literatura del Renacimiento, Modernismo y Generación del 98, Narrativa Española II. Por ello vivo diciendo que he hecho voto de pobreza. Más que el dinero, persigo la entrega del alma, también la honra y la gloria, como los héroes griegos. Cursos en los que me doy cuenta de que más que mis alumnos, soy yo la que aprende.

ESCRITO POR: