Punto de vista
Geopolítica en el siglo XXI
El mundo ya es otro.
El orden mundial liberal basado en reglas, que se inició parcialmente en 1945 pero pareció implantarse definitivamente (nunca perfecto) en 1991, con el final de la Guerra Fría y sustentado, en buena parte, en el poder del momento unipolar de EE. UU., se acabó. Rusia, una potencia nuclear, país fundador de la ONU y uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, utiliza la fuerza militar para ocupar un vecino, violando burdamente la Carta de las Naciones Unidas, la integridad territorial y la soberanía de un país reconocido internacionalmente. El mundo ya es otro. Might is right, el derecho lo define el poder. Hay un retorno de las “esferas de influencia” y, sobre todo, de la geopolítica, que disminuye la relevancia relativa en la política internacional del multilateralismo, el derecho internacional, la defensa de los derechos humanos, la democracia y, en general, los valores morales.
EE. UU. debe concentrarse en impedir que China se convierta en la potencia dominante en Asia.
Retorna el interés en los padres de la geopolítica: Mackinder, Mahan, Spykman, Ratzel, Kjellen y Haushofer, el maestro geopolítico de Hitler —recuerden el concepto del lebensraum, el espacio vital para Alemania—. Los influyentes profesores Stephen Walt, de la Harvard Kennedy School, y John Mearsheimer, de la Universidad de Chicago, afirman que EE. UU., amparados en la “profundidad geográfica” de los dos océanos, deben dejar de desperdiciar tesoro, sangre y energía para ser el “policía mundial” y convertirse en el off-shore balancer, el balancín externo que apoya a las coaliciones regionales que impidan el surgimiento de un hegemón regional, en las regiones estratégicamente fundamentales, como Europa, Asia nororiental y Oriente Medio. Pero, para ejercer este rol, muy parecido al que la Gran Bretaña ejerció en el siglo XIX, es necesario, según Walt y Mearsheimer, impedir que potencias ajenas a la región logren penetrar geopolíticamente en América. El académico, especialista en política internacional y columnista del Wall Street Journal Walter Russel Mead advierte de que la creciente presencia de Rusia, China e Irán en América Latina se está convirtiendo en una seria amenaza de seguridad nacional para los EE. UU., y además afirma que, para el mundo Maga, los temas de inmigración y narcotráfico son prioritarios, y eso implica darle prioridad a México, Centroamérica y el Caribe. El también profesor de Harvard y especialista en asuntos militares Stephen Rosen, en un reciente artículo en Foreign Affairs: “A better way to defend America”, afirma textualmente que los EE. UU. necesitarán mantener fuerzas navales y aéreas en el hemisferio occidental para hacer cumplir un nuevo tipo de doctrina Monroe.
Elbridge Colby, el actual subsecretario de Estado para la Guerra, encargado de la planificación de políticas, en su libro: The Strategy of Denial, American Defense in the Age of Great Power Conflict, siguiendo de cerca a Mearsheimer y Walt, afirma que EE. UU. debe concentrarse en impedir que China se convierta en la potencia dominante en Asia. Para eso debe organizar y apoyar, como “balancín externo”, a una coalición antihegemónica de los países del Asia-Pacífico que temen la dominación china. En cambio, en Europa, el papel principal para enfrentar el agresivo revisionismo ruso lo deben asumir los aliados europeos de la Otán.
Todas estas ideas están presentes en la reciente Estrategia de Seguridad Nacional de los EE. UU. que, por primera vez en muchos años, pone al hemisferio occidental en el primer lugar de sus prioridades regionales. En ese documento leemos: ”Tras años de abandono, los Estados Unidos reafirmarán y harán cumplir la doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental… Negaremos a los competidores ajenos al hemisferio la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio”.