Pluma invitada
Luces de desarrollo: cuando la solución empieza escuchando
El conocimiento está disperso; vive en las personas, en su contexto.
Durante décadas, la lucha contra la pobreza ha estado dominada por buenas intenciones… y malos resultados. Programas bien financiados, diseñados desde oficinas lejanas, que parten de una premisa peligrosa: “Nosotros sabemos qué necesita la gente”.
Martín Burt, exalcalde de Asunción y fundador de Fundación Paraguaya, decidió cuestionar esa lógica desde la raíz. En su libro ¿Quién es dueño de la pobreza? plantea una idea sencilla y clara: la pobreza no se elimina imponiendo soluciones, sino devolviéndole a la persona el control sobre sus propias decisiones.
De esa reflexión nace el Semáforo de Eliminación de la Pobreza, una herramienta que hoy inspira iniciativas en todo el mundo. En Guatemala ha tomado forma a través de Luces de Desarrollo, impulsada por la Universidad Francisco Marroquín (UFM).
En el mundo del emprendimiento hay una regla de oro: no hay que construir una solución antes de entender profundamente el problema del cliente. Sin embargo, esa regla suele olvidarse cuando hablamos de iniciativas de desarrollo social.
El Semáforo rompe con esa lógica tradicional. En lugar de definir la pobreza desde indicadores externos y abstractos, permite que cada familia evalúe su propia situación, identificando en qué está bien, en qué está mal. Más importante aún, las invita a priorizar y trazar un plan para salir de la pobreza.
No todas las familias necesitan lo mismo ni en el mismo orden. Y ahí está la genialidad del modelo: la persona deja de ser beneficiaria pasiva y se convierte en protagonista de su propio proceso de progreso.
Luces de Desarrollo nos recuerda que cuando respetamos la libertad, la dignidad y la capacidad de decisión de cada ser humano, el desarrollo se convierte en una posibilidad real.
Luces de Desarrollo toma esta metodología y la enriquece, combinando datos, acompañamiento y acción local. No promete soluciones mágicas, pero sí empodera a los participantes con ejemplos e información que les ayuda a trazar una ruta.
Este enfoque conecta en forma natural con una advertencia clásica del economista Friedrich Hayek, desarrollada en su libro La fatal arrogancia. Hayek argumenta que uno de los grandes errores del pensamiento moderno es creer que el conocimiento necesario para organizar la sociedad puede concentrarse en una sola mente o institución central.
La realidad es que el conocimiento está disperso; vive en las personas, en su contexto, en su experiencia diaria. Cuando un ente central ignora esto y pretende decidir por otros, no solo es ineficiente, sino que puede hacer más daño que bien.
Luces de Desarrollo no es una iniciativa aislada. Es parte de algo mucho más ambicioso: el Laboratorio de Prosperidad de la UFM. A mi juicio, este proyecto es uno de los más importantes que la universidad ha lanzado en sus últimos 50 años.
¿Por qué? Porque convierte ideas en acción. Conecta la investigación académica con la realidad concreta de las personas. Y porque le pone método, humildad y humanidad a la pregunta que inspiró la creación de la UFM desde el inicio: ¿Por qué Guatemala es pobre?
Luces de Desarrollo nos recuerda que cuando respetamos la libertad, la dignidad y la capacidad de decisión de cada ser humano, el desarrollo se convierte en una posibilidad real.