PUNTO DE ENCUENTROJuventud: con otra perspectiva
Permanentemente pensamos o escuchamos que los jóvenes son el futuro de la patria, fijamos nuestras esperanzas en las nuevas generaciones; les creemos capaces de terminar con los vicios y los problemas que afrontamos; les vemos como poseedores de la energía suficiente para transformar nuestro país.
Probablemente eso sea verdad, la juventud puede convertirse en el motor que impulse las transformaciones y genere iniciativas que promuevan una sociedad más incluyente, solidaria, equitativa, justa y democrática.
Sin embargo, y por más contradictorio que parezca, se nos olvida prestarles atención en esta etapa, escuchar lo que tienen que decirnos, respetar y promover sus ideas, atender sus necesidades y permitirles buscar soluciones a sus problemas, invertir en una educación integral que les permita desarrollar al máximo sus capacidades y dejarlos participar activamente en los diferentes ámbitos de la sociedad, aun cuando creamos que no tienen la experiencia o la madurez suficiente.
En esto, los medios de comunicación juegan un papel fundamental. Quienes hacemos periodismo tenemos el compromiso y la responsabilidad de incluir en las agendas mediáticas la temática de juventud, presentar sus puntos de vista y opiniones, dar cobertura a las acciones que realizan más allá de los campeonatos deportivos, las crónicas sociales o los conciertos escolares.
La cobertura periodística referente a los jóvenes, como lo señala un reciente estudio de PROJOVEN, está vinculada casi con exclusividad a la delincuencia juvenil, al fenómeno de las maras y la drogadicción o a la vida nocturna de quienes frecuentan los bares y discotecas de la zona 10.
Pareciera ser que en el medio no hay nada, que los jóvenes de Guatemala se mueven en los extremos; pareciera ser que la tez blanca y el buen vestir son sinónimo de juventud feliz y divertida y la tez morena y la ropa humilde, sinónimo de criminalidad y violencia.
Es importante que dejemos a un lado la creencia que todo lo pasado fue mejor, que los jóvenes de antes estaban más comprometidos con su país, que hoy la juventud no tiene referentes, que son una generación ?light? poco preocupada por lo que sucede en su entorno.
Quizá si nos adentráramos un poco más para averiguar qué piensan, en qué creen, cuáles son sus valores y cómo ven y entienden el mundo en lugar de estigmatizarlos, tendríamos una nueva perspectiva y dejaríamos de verlos como el futuro, para incluirlos en el presente.