PUNTO DE ENCUENTROOtro continente
Entre los años 2005 y 2006 se rea- lizaron 12 elecciones en América Latina. En el 2005, ninguna fue ganada por los candidatos de Washington, un hecho político sin precedentes. Este año 2006, fue diferente, en las cuatro primeras elecciones triunfaron opciones de derecha: en Costa Rica, Perú, Colombia y en los cuestionados comicios de México.
Pero el año cerró distinto y paró la euforia de los analistas que auguraban el fin de la ola de izquierda en el continente. Lula y Chávez fueron reelectos en Brasil y Venezuela; Daniel Ortega ganó en Nicaragua y, en la gran sorpresa, Rafael Correa arrasó en Ecuador. En definitiva, ocho países latinoamericanos, tienen hoy gobiernos de izquierda o de sensibilidad progresista.
Los ocho países expresan realidades diferentes, pero también, por primera vez, incluso hay dos, Chile y Nicaragua, que tienen TLC con Estados Unidos. Esa diversidad, sin embargo, no debe opacar otras lecturas políticas, que resultan básicas.
En primer lugar, la primavera democrática que vive América Latina parece tener bases sólidas. Nuestro continente resuelve hoy sus diferencias mediante elecciones. Todos los augurios de que la izquierda traería el caos, la fuga de inversiones y el desastre económico quedaron en nada. Los gobiernos de izquierda, en general, están manejando bien la situación.
Lula ha atendido directamente a más de 40 millones de personas, con su programa ?Fome Zero? y les ha dado carta de ciudadanía a millones de brasileñas y brasileños. Chávez ha hecho lo mismo, con sus misiones sociales y Venezuela es hoy, territorio libre de analfabetismo. Uruguay ha logrado en dos años, sacar a 90 mil personas de la pobreza, por primera vez en 30 años creció el salario real y se instauraron ámbitos de negociación colectiva para todos los trabajadores y el 90 por ciento de los nuevos empleos son en la economía formal.
Lo anterior sumado a una decidida lucha contra la impunidad, que tiene en la cárcel a ocho personas acusadas de haber cometido graves violaciones a los derechos humanos durante la dictadura.
En Bolivia y más allá de todos los problemas, Evo Morales nacionalizó los hidrocarburos y logró cambiar una ecuación histórica; en el 2002 el Estado recibía US$282 millones y las trasnacionales se llevaban ganancias por US$1 mil 200 por el gas. Este año, el Estado boliviano recibió US$1 mil 300 millones para inversión social.
Falta mucho, es cierto; las dudas y los problemas son complejos. Sin embargo, el cambio es profundo, es serio y, además, la izquierda ha demostrado, a nivel continental, que es una opción real y que las cosas se pueden hacer de otra manera; no sólo en el discurso, sino en la vida real.