Pluma invitada

Repetida imprudencia

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quemaduras en menores

DURANTE LAS FESTIVIDADES de fin de año, por tradición se quema mucha pirotecnia en todo el país, no obstante el alto costo de vida que aflige actualmente a los guatemaltecos y el peligro extremo para los niños, pues ignoran las consecuencias que estos artefactos pueden dejar en su cuerpo, inclusive de manera indefinida en muchos casos, por reconocida irresponsabilidad de muchos padres y familiares obligados a protegerlos y evitar que manipulen esos juegos, que debieran ser solamente para adultos.

Increíble y condenable que una criatura de escasos 4 años de edad resultara con el rostro carbonizado por el estallido de un mortero con fuerte contenido explosivo. ¿Dónde estarían sus padres? Posiblemente en plena celebración de adultos, cuando su deber era cuidar y evitar que su hijo quemara esta clase de artefactos, por su escasa existencia. Esa ingenuidad paternal debería ser castigada, para frenar la indiferencia de los adultos hacia este tipo de peligro.

Cuantos otros niños con más edad que esta pequeña víctima, siempre ignorantes de la peligrosidad de los llamados juegos pirotécnicos —nombre mal aplicado— resultaron con dedos, manos, brazos y pies amputados, además de otros severos daños que marcarán infinitas secuelas en sus cuerpos, de por vida.

La alegría hogareña de estas festividades de calor humano se convirtió de pronto en pesadillas infantiles que marcarán refugio por largo tiempo en fríos hospitales, alejados de sus seres queridos. Y sus padres ¿qué? ¡Insensatos!

También los accidentes que suceden constantemente en hogares o pequeños comercios, al caer agua hirviendo sobre los cuerpecitos de niños, a veces dejando traumas de incapacidad, por incompetencia de sus madres.

Y tantos otros casos detestables. Las constantes violaciones cometidas contra niñas de 5 a 15 escasos años de edad, por desnaturalizados padres, padrastros, hermanos u otros familiares, así como abusos deshonestos contra niños, por “poco” hombres que merecen estar tras las rejas. El extremo, infantes asesinados por cobardes durante asaltos, tiroteos o muertos en accidentes de tránsito por acompañar a familiares.

Encima, la pobreza mantiene profundo impacto y deja huellas imborrables en esos corazoncitos, que no cuentan con la protección de programas oficiales o privados, nacionales o internacionales, que les permita un mejor horizonte de vida, con amor, alimentación, educación y vivienda; en paz, con alegría, bienestar y superación. Dios se apiade de ellos.