CATALEJO

Responsabilidad y culpabilidad

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La sociedad guatemalteca se conmovió por la dolorosísima e innecesaria muerte de la señorita Brenda Viviana Domínguez Girón, de 16 años, la estudiante de secundaria atropellada el miércoles pasado junto a otros trece de sus compañeros por un carro durante una manifestación de adolescentes en la zona 7, por lo cual fue capturado Jabes Emmanuel Meda Maldonado, de 25 años, quien deberá presentarse el próximo viernes ante el juzgado. Es una tragedia en todo el sentido de la palabra y a causa de la natural emotividad despertada en miles de mayores y de menores de edad, resulta particularmente difícil hacer un análisis con el fin de buscar las causas y de encontrar a los culpables, porque como todo caso complicado, debe ser visto teniendo en cuenta esa dificultad.

La culpabilidad es sin duda, del conductor. Ya como consecuencia del hecho ilegal cometido, vendrá una condena dentro de poco o mucho tiempo. La vida de este muchacho quedó marcada para siempre, y en su caso, como todos, deberá arrepentirse y responder a los efectos de pocos segundos de una mezcla de sentimientos como la ira, la irreflexión, la incapacidad de reaccionar de manera adecuada a una situación súbita, a lo cual agregó otra: la de escapar y absurdamente dejar abandonado el carro con el fin evidente de escapar de la policía, pero olvidando por torpeza o desesperación la facilidad de descubrir quién es el dueño y por tanto su relación con este, con solo el simple e instantáneo procedimiento de revisar los listados de las placas de circulación.

Se trata de un homicidio culposo con todos los agravantes, pero no constituye un asesinato porque este hubiera implicado una planificación fría, despiadada. Es necesario expresarlo porque se trata de términos técnicos legales. De la acción no se puede hacer cómplice a ningún grupo humano al cual pertenezca la persona: familia, religión, vecindario, universidad, nacionalidad, etnia. Esto es fundamental sobre todo en nuestros tiempos de mensajes instantáneos donde cualquiera puede llevar al mundo entero, literalmente, cualquier ocurrencia. Es muy común analizar los hechos sin tomar en cuenta su entorno, y sobre todo si se trata de una causa o de un efecto, es decir, si es el resultado de algo anterior o si provocará hechos posteriores, casi siempre inesperados e incontrolables.

De este pensamiento se deriva la decisión de la responsabilidad verdadera y profunda. En este caso, los responsables son en realidad muchos: quienes desde hace años han sembrado la idea de la interrupción del tránsito como forma de protesta, o de lanzar a gente desarmada contra fuerzas de seguridad. Por eso, aquí y en todo el mundo las manifestaciones deben ser analizadas, tanto por participantes como por policías, como una situación potencialmente sangrienta e incluso de efectos fatales. Los participantes son menores de edad y por ello la responsabilidad recae en los padres; son alumnos de un instituto, y por ello los responsables deben ser el director y los maestros. No puede ser de otra manera.

Los afligidos padres, tanto de Brenda Viviana como de Jabes Emmanuel, son quienes más lloran hoy, y llorarán mucho tiempo a causa de esta tragedia. Tienen derecho a saber de quién es la responsabilidad inmediata o de largo plazo anterior, es decir quién mandó a los estudiantes a la calle, o no lo impidió por desidia, porque los adolescentes no se molestaran con esta persona. Y las autoridades del ministerio de Educación también tienen responsabilidad, debido a no haber escuchado las quejas de los estudiantes, quienes no deben canalizar sus quejas con actos potencialmente violentos. Este principio de la responsabilidad es el de toda persona a cuyo mando se encuentran otras. No siempre eso se debe castigar, porque se trata de un área muy relacionada con la corrección y, por tanto, con la ética. La lección es dura para todos los guatemaltecos.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.

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