SIEMBRAJugando a Dios 

CARLOS ZÚÑIGA FUMAGALLI.

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En esta Tierra todos tenemos la libertad de seguir el credo religioso que llene nuestras necesidades espirituales; sin embargo la gran mayoría concordamos en la existencia de un Ser Supremo.

Esto implica, por principio, la existencia de normas fundamentales de moral que rigen nuestra conducta, sin los cuales no seríamos más que un cuerpo de carne y huesos.

Nos diferenciamos entre sí, no sólo físicamente. También con nuestra individualidad producto de la existencia de nuestro propio yo, conocido por muchos como nuestra alma.

Nuestra vida es producto de la interacción entre una mujer y un hombre con el fin de reproducirnos.

El hombre ha mejorado su nivel de vida gracias a su creatividad e inventiva, a través de la ciencia e investigación.

Sin embargo, lo ha logrado combinando éstas con las normas fundamentales de ética que han permitido su supervivencia.

Por primera vez, vemos alarmados como el materialismo ha hecho que algunos intenten desafiar la existencia misma del ser humano como tal.

Me refiero específicamente al amenazante propósito de clonar al ser humano. La intención de crear en un laboratorio cuerpos con características físicas de seres humanos pero sin un yo propio, sin un Alma.

Porque para eso no hay molde, y aunque les duela, podrán jugar a dios pero nunca podrán ser Dios. La creación es la creación y no una simple invención.

Nuestra subsistencia está realmente en jaque, y lo más dramático es que a nadie parece importarle.

Finalmente el mal, disfrazado de sabiduría, ha logrado tomar la delantera por poseer nuestra existencia. Tenemos que poner un hasta aquí.

No basta luchar con fe y espiritualidad, tenemos que pelearlo con nuestro poder de decisión e imponer nuestra voluntad de vivir bajo las normas mínimas de supervivencia.

Los líderes mundiales tienen que reflexionar sobre la existencia de esta amenaza, Bin Laden, El General y Saddam realmente son un chiste de mal gusto comparados a éstos diablos disfrazados de científicos que buscan la supremacía del mal a través de suplantar nuestra naturaleza humana en su esencia.

Para esta lucha tenemos que olvidarnos de nacionalidad, etnia, religión, raza, o cualquier diferencia superficial, puesto que todos juntos peligramos como especie.

Hablemos del tema, escribamos a nuestros líderes, exijamos a los gobiernos que prohíban cualquier forma de clonación.

No hay excusa que valga. Escudados en la invención están creando nuestra destrucción.

No hay que hacer lo que se puede sino lo que se debe.

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