SIEMBRANace el Niño Dios
El mensaje de paz, esperanza y amor que el nacimiento del Niño Dios trae al mundo, me ha hecho meditar sobre las palabras que una vez un buen amigo me comentó sobre la belleza e inocencia de la niñez, y cómo esto forja al ser humano. ¿O acaso hay un ser más inocente y noble que un niño?
¿Alguna vez hemos dedicado el tiempo necesario para recordar y meditar sobre esos momentos especiales y felices de nuestra niñez? ¿Lo ha hecho usted?
Por más dura que pudo ser nuestra infancia, siempre hubo momentos especiales en los cuales esa inocencia nata nos hizo ser felices, a pesar de las penas y pobrezas que rodearon nuestro hogar. En este mundo desorientado, muchos no gozaron de la compañía de un padre, o una madre, incluso de ambos. Otros sufrieron del abuso en el ceno de su propio hogar. Sin embargo, todos tuvimos momentos de satisfacción, de amor y gozo que forjaron parte de lo que hoy somos.
Este día tan especial, meditemos sobre esos momentos y cómo impactaron nuestra vida. En qué etapa de esa inocencia noble perdimos el rumbo y cómo estos hechos nos han convertido en lo que hoy somos. ¿Realmente estamos en paz interior con quien somos, con lo que estamos logrando de nuestras vidas y la de nuestros seres amados?
¿Qué pasó con aquella niña noble y amorosa, o aquel niño respetuoso y honesto? Que esas remembranzas de nuestra infancia nos ayuden a encontrarnos de nuevo, fuera de las malas influencias de un mundo corrupto, inhumano y materialista que nos ha hecho actuar como otra persona distinta a aquel infante noble y bien intencionado.
Esta noche evaluemos nuestra vida. Nunca es tarde para retomar el rumbo, para amarnos a nosotros mismos y a los demás, como lo hicimos cuando niños. Porque esa pureza la traemos de nacimiento gracias a la bendición del Niño Jesús, que vino al mundo para morir por nosotros y darnos otra oportunidad de ser bien y hacer el bien. Porque todos, hasta los más corruptos, asesinos y perversos, fueron distintos y vivieron la nobleza de ser niños.
Regresemos a esos años, meditemos, retomemos el camino de nuestra vida, y por lo que más quieran: permitamos que los niños de hoy vivan a plenitud la belleza de ser inocentes, nobles, honestos y buenos de corazón. Es un derecho nato que tienen y tenemos la obligación de respetarlo. Que estos años de infancia de nuestros niños nos permitan forjar mejores mujeres y hombres de lo que nosotros somos, puesto que el sacrificio en la Cruz del Niño Dios no pudo ser en vano. ¡Feliz Navidad y Bendiciones para su familia!