SíntesisDesarrollo alternativo
La economía latinoamericana se caracteriza por un bajo grado de desarrollo, con la mayoría de la fuerza de trabajo empleada en la agricultura, una industria incipiente o muy pequeña y fuertes desequilibrios en la distribución del ingreso.
El mundo se ha transformado en forma dramática, aumentando la crisis. El rápido crecimiento del comercio mundial, la exportación de tecnología y la expansión de las empresas transnacionales, han dado lugar a una economía global crecientemente interdependiente.
La relación tradicional entre la producción y finanzas -economía real e imaginaria del papel- ha cambiado profundamente. En forma sorprendente, el mundo de las finanzas se multiplica frente al mundo de la producción, modificando las estructuras productivas, la configuración de la fuerza de trabajo, la demanda, la composición del producto, las formas de operación de las empresas y el papel de los servicios, que ahora tienen más énfasis en las comunicaciones.
Pero, a la par de ello, la dependencia económica de nuestro país de los dueños del dinero, aumenta a tal punto, que gran parte de los presupuestos nacionales se invierten en pagar la llamada deuda pública, comprometiendo los programas de inversión social y el futuro de la población. Actualmente adeudamos cerca de once mil millones de quetzales, que nuestros hijos y nietos deberán pagar.
De estas experiencias, podemos concluir que el fin de la escasez, proclamada por Herbert Marcuse y el neoliberalismo, es una utopía. La experiencia ha demostrado que el mercado no es perfecto.
El mercado libre es un instrumento eficaz -por el lado de la oferta- para producir y distribuir bienes en abundancia. Sin embargo, por el lado de la demanda, la economía es incapaz de generar suficientes fuentes de ingreso para sostener el nivel de la oferta. Sigue siendo el gran problema original de la economía capitalista: la sobreoferta de bienes y la insuficiencia del lado de los ingresos.
El argentino Mario Bunge, profesor de la McGill University de Montreal, Canadá, señala que para salir de la crisis es necesario fortalecer los procesos de autogestión popular y convertirlos en competitivos, a fin de democratizar el ingreso.
Extremo que el profesor de la Universidad de Guerrero, México, Carlos Ordóñez Mazariegos, ilustró en el Congreso Latinoamericano de Sociología, celebrado en Antigua Guatemala la semana pasada, al explicar el éxito de las cooperativas agrícolas del altiplano.
Es importante que el Gobierno interprete dichas experiencias y tome como una alternativa de desarrollo el apoyo a la economía comunitaria y participativa.