Persistencia

“Teoría de los complejos”

Dentro de las diversas facetas que representa el inconsciente descubierto por Freud resaltan, a mí entender, dos: el papel de la infancia y la “libido” —o erotismo—, que conforman al inconsciente y yacen en su trasfondo.

Esto es, en el inconsciente se fijan, de manera fatal, todos aquellos vejámenes que el individuo, cuando es niño, sufre de parte de sus padres y maestros, quienes, al irlo educando paulatina o violentamente reprimen su poderoso mundo instintivo.

También yace en el inconsciente —más que en el consciente— la “libido” o instinto sexual que el humano trae consigo, pero de la que es privado, en gran parte, a causa del sistema represivo que ejerce sobre él el mundo civilizado.

Pues bien, estas dos facetas capitales del inconsciente no solo no son tomadas en cuenta por Jung, sino rechazadas o simplemente desconocidas. Repudio o ignorancia que contribuye a que su Teoría de los complejos quede flotando en el vacío, pues le restan las dos sólidas bases en que podría sustentarse.

En su ensayo Teoría de los complejos, Jung se pregunta a sí mismo y se responde sobre lo que es un complejo. Cito:

¿Qué es, pues, científicamente hablando, un ‘complejo afectivo’? Es la imagen emocional y vivaz de una situación psíquica detenida, de una especie de totalidad propia y, en un grado relativamente elevado, de autonomía…

A pesar de que expone que “Su origen, su etiología, es a menudo un choque emocional, un ‘traumatismo’ o algún incidente análogo…”, más adelante se contradice al afirmar que es “Inherente” y que “…forma parte de una vez para siempre de su constitución psíquica —la del individuo—; ésta, es su determinación, es ‘a priori’ una limitación, prejuicio para cada individuo…”

Sin ignorar del todo a Freud, Jung reconoce que “…la primera teoría médica del inconsciente ha sido, con toda lógica, la ‘teoría de la represión’ de Freud, quien, de la naturaleza de los complejos infiere un inconsciente constituido en lo esencial por tendencias incompatibles y víctimas de la represión a causa de su inmoralidad…”

Sin embargo, Freud no menciona en su “teoría de la represión” ni la palabra “complejo” —exceptuando el de “Edipo”—, mucho menos la palabra “inmoralidad”. En lugar de “complejo, Freud habla de “sentimiento”, “trauma” o de “fobia”, y en vez de “inmoralidad”, emplea términos como “perversión” o “conflicto”. Y todo ello referido, ante todo, a la educación represiva que recibe el individuo en la infancia, tema que jamás toma en cuenta Jung.

Así, desde mi punto de vista, la Teoría de los complejos de Jung corresponde exactamente al “sentimiento de culpa” y a las “fobias” —claustrofobia, agorafobia, etc.— originados en la infancia del individuo, descubiertos por Sigmund Freud.

Me remito simplemente a citar a Jung textualmente: los “complejos” son “trasfondos sembrados de asechanzas”, con una “atmòsfera” que “en sus grandes rasgos tienen algo de ‘chocante’ que pone en resonancia los complejos del público…”, “temores y resistencias”, “aprensión supersticiosa a lo nefasto”, “cosa repugnante”, “tremendum psíquico” comparable a una “demonología primitiva” que los convierte en “psicología tabú”. Términos todos ellos equivalentes a los “sentimientos” y “fobias” freudianos, no reconocidos por Jung, quien, sin embargo, no deja de hacer mención del genio freudiano. “Todos recordamos la tempestad de indignación que se levantó por todas partes cuando los trabajos de Freud comenzaron a difundirse. Estas ‘reacciones acomplejadas’ han obligado al sabio a un aislamiento que le ha valido, así como a su escuela, reproches de dogmatismo…”

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