VENTANA – Las curitas no bastan

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“¿Qué les pasó a la Tierra y al ser humano por haberse separado?”, me preguntó el Clarinero. Hace 300 años iniciamos el proceso de destrucción del sistema de vida de la Tierra. Con la revolución industrial aceleramos este proceso. Contaminamos nuestros cuerpos de agua. Talamos infinidades de bosques. Derrumbamos incontables montañas. Arrasamos con cientos de miles de especies de animales y plantas… y seguimos haciéndolo. En esta batalla en contra de la naturaleza, los seres humanos nos recluimos en ciudades-fortalezas de hierro y cemento. Enrarecimos el aire con el humo pertinaz de nuestras fábricas y vehículos. El ritmo de nuestras vidas se volvió estresante. Cada paso que damos es para satisfacer necesidades creadas, en lugar de aquellas que verdaderamente sentimos. Estas necesidades nuevas nos han ido enfermando y, por qué no decirlo, nos están matando con cánceres, depresiones, violencia, pobreza. Si viéramos la fotografía de la Tierra, la veríamos desangrándose. Veríamos a grupos de personas tratando de ponerles ridículas curitas (medidas superficiales) a las heridas abiertas y profundas. El drama no termina allí, porque en la misma fotografía aparecemos nosotros, los seres humanos, desangrándonos también, engañándonos igualmente al tratar de sanar nuestras heridas físicas y emocionales con curitas de evasión o consumo. La gran pregunta es quién se cura primero, ¿la Tierra o el ser humano? Yo creo que, ante esta dramática situación, una posible solución es que empecemos por curarnos primero los seres humanos. Tenemos que aprender a cambiar de sistema de vida, a ser sostenibles como personas, como familia, como empresa, como comunidad. Luego podremos curar a la Tierra. Al consultar sobre el tema de sostenibilidad en Internet, encontré lo que buscaba. El médico notable, el oncólogo más respetado de Suecia, Karl-Henrik Robért, inició en 1989 un movimiento a favor del medio ambiente denominado “El paso natural”. El doctor Robért comentó que miles de padres de familia estarían dispuestos a dar la vida por sus hijos enfermos, pero no harían lo mismo por salvar al planeta que los enferma. Es por eso que el doctor Robért desarrolló una serie de principios que contribuyen a que reflexionemos sobre lo que significa ser sostenible como persona. Si queremos transformar nuestras comunidades humanas, hacerlas ecológicamente viables, tenemos que principiar con nosotros mismos. “Sanar al planeta conlleva antes una tarea interna”, dijo. El Clarinero agregó: “Porque lo que es bueno para el ser humano también lo es para la Tierra”. Las cuatro condiciones para que una persona sea sostenible fueron enviadas a los hogares en Suecia para sensibilizar a las familias sobre el tema. Las sintetizo a continuación, a través de unas preguntas básicas: La primera condición: ¿trabajo en exceso? ¿Vivo cansado? ¿Siento que el tiempo no me alcanza? ¿Le doy a mi cuerpo el tiempo suficiente para recuperar su energía? La segunda condición: ¿me mantengo en un estado de perenne nerviosismo y zozobra? ¿Estoy a punto de un colapso nervioso? La tercera condición: ¿cuido mis comidas? ¿Soy moderado en tomar bebidas alcohólicas que ponen en riesgo mi salud física y mental? ¿Estoy consciente de la capacidad natural de mi cuerpo para sanarse y renovarse? ¿Colaboro para no interrumpir ese proceso? La cuarta condición: ¿tengo la suficiente energía para colaborar con las actividades de la comunidad donde vivo? ¿Estoy consciente de lo nutricio que es para mi ser conservar relaciones de amistad con la comunidad humana a la cual pertenezco? ¡Feliz año!vidap@intelnet.net.gt

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