VENTANAEl Sendero Maya (II)

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Día 1. ?¡Sonrían!? exigió Antonio, nuestro guía, con voz firme. El flashazo de la foto en la madrugada fresca nos terminó de despertar. Eramos 15 chapines emocionados por la aventura que íbamos a emprender. Antonio dijo: ?Al final del viaje les tomaré otra foto. Al compararlas se darán cuenta que algo en ustedes habrá cambiado?.

Como parte del ritual de salida Antonio nos entregó una bolsita de tela típica. Adentro venía la réplica de una canoa finamente tallada en madera. La pieza original fue tallada sobre un fémur humano. Se encontró en la tumba de ?Doble Peine? un poderoso gobernante de Tikal en el siglo ocho después de Cristo. Representa el viaje hacia el mundo celeste. En la canoa le acompañan una iguana, un mono, un loro y un perro. ?Al terminar nuestra aventura podrán comprender su significado?, y Antonio esbozó una sonrisa.

Antonio llevó un equipo de radio para mantenernos comunicados con la base en Carmelita. Decidimos despojarnos de nuestros relojes y teléfonos celulares. Nos liberamos de estos aparatos que controlan nuestra identidad citadina ajena al ritmo de la vida natural. Queríamos vivir con intensidad la experiencia de recorrer este Santuario de la Tierra.

En el manual de instrucciones recomiendan el tipo de ropa que se debe usar. Parecíamos exploradores estilo Indiana Jones. Pantalones y camisa de algodón y de color claro para identificar cualquier insecto con facilidad. Un pañuelo amarrado alrededor del cuello para secarnos el sudor. Botas cómodas y un sombrero. Como parte del equipaje, que debía ser liviano, un botiquín de emergencia con suero antiofídico y una linterna.

Enfilamos por un sendero de piedras perfectamente tallado. Antonio iba adelante. Atrás de nosotros, y conducidas por un experimentado arriero, nos seguía una caravana de 5 mulitas con nuestra carga. Dos de ellas iban disponibles para llevar a alguno de nosotros que se sintiera muy cansado durante el trayecto.

?Caminamos en un sacbé?, explicó Antonio. ?Sacbé quiere decir camino blanco. Estas calzadas fueron diseñadas para caminar en la selva. Eran las carreteras de los mayas y servían para unir a las ciudades en la región.

En el ecosistema de la Cuenca hay bosques altos y bosques bajos, como también zonas de pantanos. Los mayas elevaron estas calzadas hasta 6 metros del suelo, dependiendo del tipo de terreno. Podemos imaginar a cientos de mercaderes caminando en estos senderos sólidamente construidos. Se movilizaban de una ciudad a otra con sus valiosas mercancías, como, plumas, mantas de algodón, obsidiana, miel, sal, jade, semillas de cacao?.

Cinco horas más tarde llegamos a El Ramonal, el campamento donde dormimos la primera noche. Una bandada de loros nos acogió con un ensordecedor saludo. Después de almorzar, Antonio nos condujo a una especie de laguna o aguada. Los mayas las acondicionaron con paredes de piedra alrededor. Eran sus cisternas. El agua en la Cuenca es escasa. No hay ríos. Se obtiene cuando llueve durante el invierno, de noviembre para abril.

Día 2. Dormimos como piedras. Amanecimos con la energía suficiente para la caminata hacia Nakbé; sería una jornada de ocho horas. Nos detuvimos para almorzar en un sitio arqueológico pequeño, llamado Güiro. Sudábamos copiosamente y buscamos un área de sombra para sentarnos y tomar agua. Antonio interrumpió el descanso con un comentario que vino como anillo al dedo:

?Los estudiosos se han preguntado: ¿ Por qué, y a diferencia de las otras civilizaciones del mundo, los mayas se desarrollaron en estas selvas tropicales? El origen de Nakbé se remonta 800 años antes de Cristo. ¿Cómo lograron sobrevivir en este ambiente tan hostil? ¿En dónde radicaba la fuerza del maya??.

Todos permanecimos en silencio hasta que nos sacudieron los rugidos de los monos saraguates.

Levantamos la vista y los vimos entre las copas de los árboles. Como telón de fondo las ramas más altas se entrelazaban creando un tejido de verde filigrana.

El universo estaba respondiendo de manera misteriosa a las preguntas de Antonio. La respuesta era clara: Todo está conectado con todo. La idea de ser distintos y estar separados de los animales y el bosque es un gran error que la selva demuestra con claridad. En ese instante vinieron a mi mente los zoomorfos escupiendo formas humanas.

Vinieron las imágenes que pintaron en sus murales eran hombres jaguares, conejos escribas, mujeres luna. Comprendí que el maya no separó a la naturaleza de su vida. Para el maya el mundo era un ser vivo, espiritual y mágico.

Continuará.

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