VENTANAKaminaljuyú
¡Vale la pena visitar el Museo Miraflores! Al recorrerlo descubrimos muchas sorpresas sobre la antigua ciudad de Kaminaljuyú que despiertan nuestra imaginación. Una de las sorpresas mayores consiste en contemplar la reconstrucción de la bellísima ciudad de Kaminaljuyú, que creció alrededor de un lago mil años antes de Cristo.
El museo vuelve a sorprendernos cuando caminamos sobre un vidrio reforzado que tiene marcado el plano actual de esta parte de la ciudad de Guatemala y, abajo, aparece la maqueta de la ciudad original de Kaminaljuyú.
Este efecto permite situarnos entre el ayer y el hoy al mismo tiempo.
Otra sorpresa más. Además de su posición estratégica y la fertilidad de sus tierras, el museo describe que el desarrollo de Kaminaljuyú se debió a la obra de ingeniería hidráulica.
Fueron los primeros canales de irrigación en toda el área maya. Estos canales los comenzaron a construir a partir del período Preclásico Medio (600 A.C).
Kaminaljuyú tuvo 2000 años de vida ininterrumpida. Sus años de esplendor abarcaron desde el 600 a. C al 100 d. C.
Durante estos años la elite gobernante tuvo la autoridad para impulsar un gran desarrollo en el campo religioso, arquitectónico y artístico. Se esculpieron y erigieron monumentos en piedra y se utilizó el lenguaje escrito.
La ciudad albergó casi 40 mil habitantes. La agricultura intensiva aumentó y se crearon nuevas rutas comerciales con los pueblos del Oriente y de la Costa Sur.
En el año 200 d. C. las aguas del lago empezaron a escasear. La agricultura disminuyó, bajó la producción agrícola y creció el descontento popular hacia los gobernantes.
Varios grupos de pobladores del área de Huehuetenango aprovecharon este debilitamiento político y social para desplazar a los soberanos de Kaminaljuyú.
Un porcentaje muy alto de la población maya-chol emigró hacia las ciudades de Chalchuapa y Copán. Desde entonces se dejó de esculpir monumentos y de usar el lenguaje escrito.
A pesar de los cambios políticos, Kaminaljuyú mantuvo el intercambio comercial del jade, la obsidiana, las plumas de quetzal y la cerámica en la región mesoamericana. Este intercambio favoreció la introducción de nuevos elementos culturales.
En el año 500 d. C. se reflejó una oleada de moda teotihuacana en los trajes, en los peinados e incluso en el diseño arquitectónico de algunos templos.
Al final del Clásico Tardío, en el año 900 d. C., Kaminaljuyú sufrió el mismo proceso de degradación política y cultural de todas las metrópolis mayas, y la ciudad fue abandonada.
El Museo Miraflores es el resultado de un valioso esfuerzo conjunto de la iniciativa privada, del sector público y de dos reconocidos arqueólogos, Juan Antonio Valdez y Marion Popenoe de Hatch. El diseño del montaje del salón de exhibición permanente fue minuciosamente realizado por Mirella y Paola Beverini.
La calidad profesional con que ha sido creado este museo amerita que se desarrollen muchas otras sorpresas. Valdría la pena utilizar sus espacios para revivir ceremonias como el Juego de la Pelota, recrear obras de Teatro Maya y Danzas rituales como el Palo Volador.
La ciudad de Kaminaljuyú estimula nuestra imaginación. Nos regresa al pasado.
Cuando vi las cuchillas de obsidiana en el museo, recordé en mi imaginación la celebración de los años Muluc y la historia de un niño maya llamado Hun Imix.
Hun Imix recuerda a su abuelo diciendo: ?Los últimos cinco días del año, los Uayeb, los cabeza de familia, ayunamos. Hace varios katunes, los que vivíamos en este gran pueblo del lago, la noche del quinto día de ayuno pusimos copal en nuestras vasijas sagradas con las figuras de nuestros nahuales, Utiú el coyote, Hoh el cuervo, Yac el gato de monte, y las colocamos en las entradas de nuestras casas. Vimos las nubes de incienso elevarse hasta el cielo. ¡Era un buen presagio!?.
?En el amanecer de este día quinto, nos punzamos las orejas con cuchillas afiladas de obsidiana.
Dejamos caer nuestra sangre en jícaras pintadas de color azul. Caminamos hasta la entrada oriente de la ciudad. Entre las nubes de copal, la melodía de los caracoles y el chasquido de los chinchines de hueso, hicimos una mezcla con maíz molido y nuestra sangre.
La untamos sobre la imagen del Señor Kinich Ahau, el Señor del Día y el cargador de los años Muluc. Estos son los mejores años en la cuenta de los días. Por eso le pedimos paz, buenas cosechas y buenas ventas los días de mercado?.