LA ERA DEL FAUNO

Viene Cardenal. Buen viaje, Bastenier

Juan Carlos Lemus @juanlemus9

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Se espera que el próximo miércoles venga al país el poeta y sacerdote católico Ernesto Cardenal, para la inauguración de la Feria Internacional de la Lectura Infantil y Juvenil de Centroamérica, la cual le es dedicada este año. Esta sería la primera vez que el nicaragüense nos visita. Solo Brenda Monzón, directora de la Feria, sabe lo difícil que habrá sido gestionar su llegada. En algunos círculos nicaragüenses, Cardenal tiene fama de escurridizo. Los periodistas locales tendrán que respetar si los evade. Tiene 93 años. Quienes lo han leído, quienes anhelan su presencia, no deberían imaginar a Ernesto Cardenal como un anciano bonachón que sienta en sus rodillas a los niños y les lee poemas. Nada de eso. Lo más probable es que quiera leer y largarse a su cuarto. Habrá que respetar su autenticidad, su derecho a ser una isla. Es injusto idealizar al escritor, músico, artista en general y someterlo al modelo de persona que quisiéramos que fuera.

“Detrás del monasterio, junto al camino/ existe un cementerio de cosas gastadas/ en donde yacen el hierro sarroso, pedazos/ de loza, tubos quebrados, alambres retorcidos/ cajetillas de cigarrillos vacías, aserrín/ y cinc, plástico envejecido, llantas rotas/ esperando como nosotros la resurrección”.

Fue rebelde, un cura rebelde, una persona excepcional que caminó entre la montaña en tiempos de la insurgencia nicaragüense. Juan Pablo II lo suspendió en el ejercicio del sacerdocio debido a su adscripción a la teología de la liberación, a que apoyó al Frente Sandinista en la lucha contra Somoza y porque fue ministro de Cultura tras el triunfo de la Revolución Nicaragüense, en 1979. Se supone que a partir de 2014 el Papa Francisco derogó ese castigo. En la actualidad, Ernesto Cardenal es considerado perseguido político por la dictadura de Daniel Ortega, de quien se distanció hace años.

“Me contaron que estabas enamorada de otro/ y entonces me fui a mi cuarto/ y escribí este artículo contra el Gobierno/ por el que estoy preso”.

Cardenal no es un poeta complejo ni rebuscador. Tiene la virtud de la sencillez. Lo suyo es comunicar, compartir sus emociones antes que dificultar el mensaje para mostrarse culto. Pastorea sus palabras y las ofrece. Nada más.

Bienvenido el poeta, el revolucionario, el solidario que oficiaba misa en las montañas y transubstanciaba el pan duro y el vino directamente desde la botella. Bienvenido el amigo de la soledad. El hombre que, nacido en cuna de oro, nunca tomó las armas, pero acompañó a los marginados en sus luchas revolucionarias.

Ahora quisiera referirme a Miguel Ángel Bastenier. No recuerdo si fueron uno o tres los días que ofreció un taller en este diario. Lo que tengo claro es que hay personas que se cruzan brevemente en nuestra vida y nos dejan algo para siempre. Admiré su falta de solemnidad —en estos países tan solemnes—, su manera frontal de compartir conocimientos. Hacía ver el periodismo como algo alejado de esas esferas pretenciosas del poder. El suyo era el poder del conocimiento. Una de sus cualidades, me parece, era su contundencia operante desde la teoría y la práctica, no desde el escritorio.

Falleció el miércoles pasado el experto en política internacional, columnista de opinión del diario El País donde un tiempo fue subdirector, autor de libros y tallerista de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. Buen viaje, Bastenier.

Finalmente, mi pésame y solidaridad con la familia de Brenda Domínguez y los estudiantes de la Escuela Nacional de Comercio No. 2. Fuerza. Ánimo. Esta pesadilla quedará sepultada; provocará un amanecer.

@juanlemus9

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