Verificamos por usted: ¿La mascarilla también disminuye contagio de enfermedades respiratorias?

La mascarilla es una barrera contra virus respiratorios que se transmiten a través de microgótulas de saliva, pero este implemento debe ser el adecuado para que cumpla su función de proteger a las personas.

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Con el comienzo de la pandemia, la mascarilla se convirtió en un implemento de uso diario. Desde abril es obligatoria en lugares públicos. Este insumo médico está asociado con la idea de protección ante la propagación del covid-19, y en la mayoría de los países se popularizó.

Si bien contribuye a frenar el contagio del nuevo coronavirus, la mascarilla tiene un efecto colateral positivo: ayuda también a evitar la transmisión del virus de la influenza y de otras enfermedades respiratorias, siempre que se utilice adecuadamente.

La influenza se propaga principalmente a través de microgotas que una persona expulsa al toser, estornudar o al hablar. Estas van por el aire y pueden contagiar a quienes estén hasta 1.5 metros de distancia, según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos.

Estas microgótulas pueden llegar a la boca o a la nariz de alguien sano que las inhala, y lo enferman. Las secreciones de la nariz —moco— de alguien que tenga el virus también están contaminadas.

De la misma manera, se transmiten la gripe, el catarro, el resfrío común y la bronquitis, sin olvidar el covid-19. Aparte de compartir algunos síntomas, son provocados por virus que afectan el sistema respiratorio.

“La mascarilla cumple una función vital y fundamental para mitigar la propagación de enfermedades respiratorias, virales y bacterianas”, dice Omar de León, médico epidemiólogo.

Si al uso de la mascarilla se le suman las otras medidas de prevención seguidas durante la pandemia, como distanciamiento físico y el lavado de manos, no solo impactará en la disminución del contagio del covid-19, también de padecimientos respiratorios.

Según el boletín de la semana epidemiológica 39 del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) —con datos hasta el 26 de septiembre—, los casos de infecciones respiratorias agudas —neumonías y bronconeumonías— atendidas en el sistema público disminuyeron.

En el 2019, a esa fecha, se registraba 135 mil 949 casos; este año, la cifra fue de 63 mil 589. Hay un descenso del 53%.

Edwin Asturias, director de la Comisión Presidencial de Atención a la Emergencia Covid-19 (Coprecovid), menciona que los casos de influenza también bajaron en el 2020.

Mientras que el año pasado, el MSPAS registró dos mil 598 casos de influenza, hasta los primeros días de noviembre del 2020 se contabilizaron mil 589, es decir, 38.8% menos.

Respecta del virus sincitial respiratorio, de 106 pacientes atendidos en el 2019, ahora se reportan 47, una baja del 55.6%.

“La mascarilla, el distanciamiento físico que estamos siguiendo, el que las escuelas estén cerradas, ha ayudado a controlar otros virus, sobre todo el de la influenza y el sincitial respiratorio que viene todos los años en esta época”, agrega Asturias.

No solo se ha visto en Guatemala. En Argentina y en Chile, por ejemplo, los casos de gripe se redujeron entre 50% y 60%, según medios de esos países.

Cuando la pandemia comenzó, la OMS recomendó el uso de mascarilla solo para el personal sanitario, pero en junio el organismo hizo el llamado a generalizar la medida entre la población.

Menciona que utilizar ese insumo médico forma parte de un conjunto integral de medidas de prevención y control que pueden limitar la propagación de determinadas enfermedades respiratorias.

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La infectóloga pediatra Verónica Gómez, presidenta de la Asociación Pediátrica de Guatemala, indica que son una barrera que frena la transmisión de persona a persona.

Su utilización no es una estrategia única del covid-19, sino que se ha implementado para evitar el contagio de otros padecimientos. En el contexto de pandemias se empleó en 1918 contra la gripe española.

“Durante esta época de lluvia no tuvimos tantos casos de procesos respiratorios en niños, y pensamos que parte de eso fue el uso generalizado de la mascarilla. No tanto porque esta proteja a quien la está usando, más bien quien la usa tiene una barrera puesta para diseminar los virus”, refiere.

Aunque ayuda a prevenir la propagación de estas enfermedades, De León hace hincapié en que no todas las mascarillas protegen por igual.

Las de tela con diseños atractivos tienen una función más estética que de protección, las que aconseja son las quirúrgicas, cuyo precio es accesible a la población y tienen un triple filtro que disminuye el contagio y es un escudo para quien la lleva puesta.

“El uso de mascarilla ha disminuido el contagio de coronavirus y de otras enfermedades respiratorias, si ha habido repuntes de casos es porque la gente no la coloca adecuadamente, usa la equivocada o peor aún, no la utiliza”, agrega el epidemiólogo.

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La médica Gómez coincide en ese punto, pues al levantar las restricciones en el país, en las calles se ve a personas sin mascarilla, el distanciamiento físico no se sigue, ni se cumplen las reglas de aforo en los comercios y restaurantes.

Durante los meses en que las medidas eran más estrictas se percibió una disminución de casos de enfermedades respiratorias, sin embargo, con el relajamiento de las últimas semanas la infectóloga pediatra concluye: “Estoy casi segura de que vamos a tener picos a fin de año de virus respiratorio. No es porque la mascarilla falle, sino porque nosotros estamos fallando en las medidas: no estamos utilizando mascarilla, el aforo no se está respetando”.

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